jueves, 11 de junio de 2026

Costa Rica VIII: Manuel Antonio, el latido de la selva con sabor a mar

Mapa inicio


"Caminar por los senderos de Manuel Antonio es sumergirse en un reino donde las ramas tejen un techo perpetuo de frescura, filtrando la luz del Pacífico en destellos esmeralda. A cada paso, la selva respira: el crujido sutil de las hojas secas delata la marcha sigilosa de una iguana negra, mientras los monos cariblancos, con su audacia característica, saltan entre los árboles de guapinol desafiando la gravedad y observando con ojos curiosos a los viajeros. El aire huele a una mezcla viva de tierra mojada, líquenes y salitre.

De pronto, el espeso bosque se aclara y el rumor de las olas se vuelve un eco ensordecedor pero pacífico. La arena blanca, fina como harina, se extiende para recibir el abrazo de un mar de aguas mansas y turquesas. Es aquí, en Punta Catedral, donde el tiempo parece detenerse; los árboles de manzanillo y las palmeras se inclinan reverentes hacia la orilla, tocando casi la espuma blanca. En este rincón sagrado del país, la naturaleza costarricense no solo se exhibe, sino que canta su estado más puro y salvaje, recordándole al hombre el valor de lo que permanece intacto."

José Luis Angulo Brenes: "Cuentos de Monteverde y Manuel Antonio"


El trayecto de Monteverde a Manuel Antonio dura apenas un par de horas. Puntual, a eso de las nueve, nos recogieron en el hotel para trasladarnos hacia la costa del Pacífico.

Durante el camino, nuestro guía y conductor divisó un guacamayo junto a una alambrada y detuvo el vehículo para que lo viéramos de cerca y le hiciéramos fotos. Esto refleja lo que ya mencioné: en general, los costarricenses son personas muy amables, siempre dispuestas a agradar y ayudar.

Poco después, el guía escuchó ruidos en unos árboles junto a un río cercano y nos llamó para contemplar a un grupo de monos aulladores que se movían entre las ramas. Curiosamente, estos serían los únicos ejemplares de esta especie que llegaríamos a ver. Escucharlos, en cambio, sí los escucharíamos más veces —sobre todo en Corcovado—, ya que emiten un rugido grave y profundo capaz de oírse a más de cinco kilómetros de distancia.

Alouatta pigra - Mono aullador

Ara macao - Guacamayo rojo o lapa

Al llegar al río Tárcoles, hicimos la clásica parada en la ruta hacia Manuel Antonio. Junto al puente donde la carretera cruza el cauce, suelen agruparse los cocodrilos a la espera de los restos de comida que les lanzan desde los restaurantes del área de descanso. Sin embargo, hoy solo había uno y estaba sumergido en el agua.
Actualmente están construyendo un mirador lateral para que los turistas no tengan que cruzar la carretera para verlos. Es probable que a estos reptiles no les agraden las obras que hunden pilares en el río o, tal vez, sean los propios obreros quienes prefieren mantener la distancia mientras trabajan.

Crocodylus acutus - Cocodrilo americano

Río Tárcoles

Tras pasar Jacó, ya en la costa, y cruzar Quepos -una ciudad que no nos gustó nada-, llegamos a Manuel Antonio, a nuestro hotel.
Datos de la reserva, pasaportes, charla informal sobre el calor que hace, sitios donde ir... entrega de tarjetas de las habitaciones y allá que vamos, en un ejercicio de cardio improvisado, arrastrando maletas hasta las alturas cruzando unos jardines verticales, con susto incluido, pues junto a unas escaleras una iguana negra de más de metro y medio se cruza justo cuando Tere está pasando.
Al entrar en nuestra habitación y cerrar la puerta, nos quedamos mirando su interior: zapatos en el suelo, algo de ropa, algunas cosas aquí y allá. Nos miramos con la complicidad de quien acaba de cometer un delito menor y concluimos: "O este cuarto viene con habitantes incluidos o nos han dado la habitación equivocada".   
Salimos sin tocar nada y bajo a recepción. Efectivamente, es un error. Nos piden mil disculpas y nos dan las nuevas tarjetas que, esta vez sí, abren la puerta correcta. ¡Menos mal que no había nadie dentro si no la sorpresa y el susto de la iguana hubiera sido un juego de niños comparado con el espectáculo que podríamos haber montado!

Tras comer algo -no recuerdo qué- en el bar del hotel, y descansar un rato, cogemos el autobús público que para frente al hotel para acercarnos al centro de Manuel Antonio. No son más de tres kilómetros, pero la carreterilla no tiene acera ni arcén y no nos apetece tampoco poner en riesgo nuestra integridad física.
Desde el centro, por una serie de calles secundarias y caminos bajamos hasta la playa de Biesanz, una pequeña cala escondida de arena blanca cuyo último tramo nos obliga a cruzar un sendero rodeado de densa vegetación selvática. Como no llevamos bañador, nos sentamos a la sombra de los árboles para disfrutar de las vistas. El frescor del lugar contrasta deliciosamente con los casi 30ºC del agua que lame nuestras piernas.

Playa Biesanz

Playa Maridei

 La selva que llega hasta la orilla

Turnera subulata - Brillalasonce



Hoy nos levantamos relajados y tranquilos: nadie viene a recogernos. No tenemos ni visita ni traslados lo que no quiere decir que no tengamos planes: desayunar tranquilos en el hotel, coger el bus hasta Manuel Antonio, pasar por el super para comprar algunas cosas e irnos a la playa de Espadilla Norte a echar el día. No creo que nos sea difícil encontrar sombra en estos arenales con tanto árbol en la orilla.

Durante el desayuno, un grupo de unos veinte o treinta monos titís, llegan a los jardines del hotel. Dejo mi café y el gallo pinto a medio acabar y móvil el mano -lástima no haber tenido la cámara en ese momento- los sigo durante un rato mientras saltan aquí y allá detrás de los jardineros que les ofrecen unos plátanos maduros.
En un visto y no visto, tal y como han venido, desaparecen, y yo vuelvo a mi arroz con frijoles, ya frío, al café templadito -como a mí me gusta- y a unos jugosos trozos de piña y un plátano al que no han alcanzado los ávidos dientes de estos pequeños monos.

Saimiri oerstedii - Mono tití



Tras el corto trayecto en transporte público y las compras en el super, guiándonos con el google maps, llegamos a la playa de Espadilla Norte, donde nos disponemos a pasar buena parte del día.
Reflexión en letra visible: no sé cómo muchas veces éramos capaces de movernos sin el móvil y no perdernos, aunque algunas ocasiones sea el mismo programa el que te extravíe, te tire con el coche por unas escaleras o te haga caer por un muelle convirtiendo el auto en submarino.

El islote Luana desde el camino que baja hacia la playa

El roquedo que separa la extensa Playa de Espadilla Norte de otra más pequeña, Playa Playitas

Hoy el caminar toca por la arena

Playa Playitas

Un garrobo o iguana negra toma el sol entre las rocas

Volvemos de nuestro paseo desde la Playa Playitas

y paramos un rato para darnos un baño. El agua del Pacífico está a una temperatura estupenda, calentita, pero el oleaje es fuerte y no es fácil nadar ni mantenerse de pie cerca de la orilla.

Volvemos a la arena 

después de un rato bajo los árboles

Cerca, el agua dulce de un pequeño río se estanca al llegar al borde de la playa y un cartel avisa: ¡peligro, cocodrilos! No vemos ninguno, pero por si acaso, no nos paseamos mucho por su orilla.

Después de un kilómetro de playa hasta su final, volvemos atrás, hasta los árboles del otro extremo donde habíamos estado al principio. Es mediodía y va apretando el calor. 

Un fresco y poco frecuentado rincón donde montar restaurante con derecho a baño y siesta

Desde la plácida sombra de los árboles, algún bañista, un señor con sombrero y carro que no recuerdo qué vendía,
 
una viejo garrobo que se movía entre las hojas secas 

 y monos, un grupo que andaba aquí y allá, subía a los árboles o bajaba a la arena, manteniendo siempre una prudencial distancia.

Cebus imitator - Mono cariblanca

En familia


Costa Rica alberga cuatro especies nativas de monos: el aullador, el capuchino carablanca, el araña y el ardilla, cada uno con sus características y comportamientos propios.

El mono aullador o congo es el más grande y ruidoso. Sus potentes rugidos se escuchan a kilómetros de distancia. Pasa la mayor parte del tiempo digiriendo hojas en las copas de los árboles.

Por su parte, el mono capuchino o carablanca resalta por su extrema inteligencia y agilidad. Son omnívoros, muy curiosos y viven en grandes grupos sociales organizados.

El mono araña es el acróbata del bosque. Utiliza su larga cola prensil como una quinta extremidad para columpiarse velozmente entre las ramas.

Finalmente, el mono ardilla o tití es el más pequeño y vulnerable. Es el único de los cuatro que está en peligro de extinción. Es endémico de Costa Rica y habita principalmente en la zona del Pacífico sur, moviéndose en ruidosas y activas tropas familiares. 

Nosotros tuvimos la suerte de poder observar todas estas especies de monos durante nuestro viaje por el país, aunque solo hay una localización en Costa Rica en la que podamos verlas a las cuatro en un mismo lugar, el Parque Nacional de Corcovado.

¿Comer o no comer? Esta es la cuestión.

La hora de la siesta

Yo conozco algun@ que pone la misma cara cuando le tocan la cabeza

Tras una cabezadita, nos damos otra vuelta a lo largo de la playa


La desierta playa de Espadilla Sur, separada de donde estamos por un roquedo acantilado cubierto de vegetación. 

Hoy es martes y la playa de Espadilla Sur, dentro ya del Parque Nacional Manuel Antonio, está vacía. Este día el área protegida cierra sus puertas al publico por lo que no se puede acceder a ella. 

Panorámica hacia el P. N. Manuel Antonio

Palmeral junto a la orilla

Otro charco separado del mar por una barra de arena

Sphagneticola trilobata - Botoncillo
Originaria de la América tropical, se la considera una de las plantas invasoras más agresivas del mundo pues es capaz de clonarse de forma masiva a la vez que libera compuestos químicos que impiden la presencia de otras plantas, eliminando así a posibles competidoras.

Gliricidia sepium - Matarratón, una planta rica en cumarina, un potente anticoagulante natural que se ha utilizado en medicina y como componente de raticidas.

Hibiscus tiliaceus - Majagua o clavelón de playa, un árbol adaptado a las condiciones de extrema salinidad de las playas que tiene unas flores de comportamiento un tanto camaleónico: por las mañanas son amarillas y conforme van pasando las horas van cogiendo un tono anaranjado que al final de la tarde se acerca al rojo.
 
Tecoma stans - Candelillo
 
A eso de las cuatro y media, nos subimos hacia el pueblo pues al bajar vimos una pastelería con muy buena pinta. Allí hacemos parada para disfrutar de una buena merienda.
 
Ya en el hotel, desde las templadas aguas de la piscina, atardece sobre las aparentemente tranquilas aguas del Pacífico.
 



Con el nuevo día, se acabó la relajación: Hacer maletas, desayuno temprano, recogida para ir al P.N. Manuel Antonio, visita al parque, vuelta al hotel, recogida de maletas, comer algo rápido, llegada de transporte para llevarnos a Corcovado... a las cuatro tenemos que estar en Sierpes para que un barco, bote o lo que sea nos lleve a nuestro hotel y destino para esta próxima noche en la lejana y aislada Península de Osa. 
 
Pero antes toca la visita a Manuel Antonio, el más masificado de los parques que visitamos y el que menos nos gustó. Quizá el hecho de que hubiera tanta gente influyera bastante en esa percepción negativa. 
A la entrada, una larga cola que iba pasando poco a poco por el control de visitantes donde te revisan que no pases nada de comida ni de plástico, casi como en un aeropuerto. Tras poco más de veinte minutos, logramos entrar, nuestro guía y el pequeño grupo que lo acompañábamos.

La historia de la creación del Parque Nacional Manuel Antonio en 1972 rompe con la idea que tenemos de que el Estado costarricense siempre lideró la protección ambiental. 

A finales de la década de 1960, un grupo de inversores extranjeros compraron terrenos costeros en Quepos para construir varios megaproyectos urbanísticos con la intención de convertir está costa en un resort de lujo. En 1968, colocaron portones, cercas y guardias armados en las playas Espadilla, Manuel Antonio y Puerto Escondido, asumiendo de manera muy optimista que los lugareños aceptarían perder su acceso tradicional al mar sin protestar.

La resistencia, sin embargo, comenzó en las aulas. Los estudiantes del Liceo de Quepos decidieron aplicar una lección práctica de civismo: organizaron marchas hacia la costa y destruyeron físicamente los portones privados. Ante esto, las autoridades optaron por encarcelar a varios jóvenes, logrando un notable error de cálculo: en lugar de calmar las aguas, encendieron la indignación de toda la comunidad, uniendo en un único e inesperado frente a campesinos, pescadores, estudiantes y comerciantes bajo el "Grupo Pro-Parque". 

La presión social culminó en agosto de 1972 cuando tras manifestaciones masivas se exigió la expropiación del territorio. Ante el descontento popular, la Asamblea Legislativa promulgó una ley en noviembre de 1972, declarando el espacio como Parque Nacional y garantizando su carácter público, gratuito y protegido. 

Hoy en día, muchos hoteles de categorías diversas ocupan las laderas que caen hacia este Pacífico agitado y verde, pero las playas siguen estando libres de construcciones y se puede acceder a ellas de manera gratuita y libre, salvo las que están dentro del Parque Nacional, donde lo de gratuito parece olvidado, como en todas las zonas protegidas de Costa Rica.

Guatusa - Dasyprocta punctata
A este animal, como a las ardillas, le gusta esconder bajo tierra las semillas y frutos que les sobran cuando la comida es abundante. Después, siempre son muchas las que olvidan y algunas germinan, dando lugar a nuevos árboles.

Musa ornata - Platanero

Iguana tomando el sol en una rama.
En Costa Rica, se refieren a ella muchas veces como gallina de palo y es que antiguamente, sobre todo en las zonas rurales, se solía consumir su carne que dicen, los que la han probado, que sabe a pollo.

Una rana de ojos rojos en su habitual posición durante el día, cuando se esconden y camuflan bajo las hojas en una postura en la que no dejan ver de su colorido cuerpo nada que no sea verde.

Otro que se esconde con las luces del día

Bactris major - Viscoyol

El viscoyol es un árbol que crece en zonas húmedas, a veces encharcadas, como estas del P. N. Manuel Antonio. Pertenece a la familia de las palmeras y se caracteriza por tener el tronco cubierto de finísimas, alargadas y puntiagudas espinas que le sirven de defensa y hacen de impenetrable barrera cuando hay varios individuos juntos. A pesar de ello, los monos cariblancos y los titís se las apañan para acceder a sus frutos dulces y jugosos.

Por los senderos del parque

con nuestro guía y otra mucha gente que iban por su cuenta con la única intención de ver algún perezoso y pasar un día de playa

Garrobo

Pájaro estaca, siempre confundido con un tronco cualquiera.
En estas selvas donde comer y ser comido es el pan de cada día, pasar desapercibido te da muchos puntos para poder ver amanecer una nueva jornada.

Ruelia costarricensis - Petunia silvestre

Parece que poco a poco la gente se va dispersando por los senderos y playas del parque

Una cría de perezoso de tres dedos -Bradypus variegatus- dormita entre las ramas


Playa de Manuel Antonio

Inga spectabilis - Guaba caite
De la familia de las leguminosas, produce unas vainas largas con las semillas cubiertas de una pulpa algodonosa y dulce con sabor a vainilla, por lo que en inglés de le conoce como "Icecream been tree", el árbol de habichuelas de helado.

Anduvimos un rato por la playa, un arco de arenas blancas con unas aguas azules y tranquilas


rodeada de selva por todos lados

Un istmo de arena de apenas unos cientos de metros de ancho separa la Playa de Manuel Antonio

de la más extensa y abierta de Espadilla Sur

Al fondo, un promontorio cubierto de árboles en el que acaba la barra de arena

En esta playa, más abierta, el oleaje era mayor y mucha menos la gente que estaba en su orilla

Acantilados

A la vuelta, otro perezoso, este adulto, que se mueve lentamente entre el follaje

junto a una zona de manglares

Quassina amara - El árbol del hombre grande
Esta planta, propia del sotobosque de  las selvas de Centroamérica cercanas al mar, es conocida por su sabor, uno de los más amargos del mundo. Cuenta con propiedades beneficiosas para el sistema digestivo por lo que se emplea en medicina natural. La cuasina, uno de sus componentes, es también un efectivo insecticida natural por tal motivo, en zonas tropicales se siembra para su uso industrial.