Álvaro Wille Trejos, "Corcovado: Meditaciones de un biólogo"
Entre Manuel Antonio y la localidad de Sierpe, donde cogemos el barco para ir a Corcovado, llanuras ocupadas por plantaciones de palma para la obtención de aceite.
El aceite de palma, con la crisis de las explotaciones bananeras, se ha convertido en otro producto clave clave en la economía de Costa Rica, sobre todo en esta zona del Pacífico Sur.
Una palmera africana -como se llama aquí- tarda entre 2 y 3 años en producir sus primeros racimos de fruta aptos para la cosecha comercial tras ser plantada en el campo. A partir de ese momento, la planta inicia una fase de producción continua durante todo el año, alcanzando su rendimiento máximo entre los 4 y 15 años de edad. Su vida útil comercial se extiende hasta los 25 o 30 años, momento en el que se reemplaza debido a que su gran altura dificulta la recolección manual de los frutos.
Su proceso de obtención exige rapidez: los frutos se cosechan y procesan en menos de 24 horas mediante cocción al vapor, triturado y prensado mecánico. De la pulpa se extrae el aceite crudo y de la semilla el de palmiste, aprovechando los residuos sólidos para generar la energía que permite el funcionamiento de las fábricas de procesado.
Este aceite, tan denostado en Europa, destaca por su alto rendimiento y versatilidad. Al no aportar minerales por ser grasa pura, su valor radica en su textura cremosa y resistencia al calor, cualidades que lo hacen indispensable en la mitad de los productos del supermercado, desde galletas hasta cosméticos.
Pese a su éxito y aporte de vitaminas A y E en estado crudo, su uso
genera intensos debates: su procesamiento elimina gran parte de esas vitaminas, su alto contenido de
grasas saturadas dañan nuestro sistema cardiovascular y su cultivo tiene un impacto
negativo sobre el medio ambiente ya que en muchos casos, deforestan zonas de selva para obtener suelos cultivables.
El puerto fluvial de Sierpe es el punto obligatorio
para cualquiera que pretenda llegar a la Península de Osa o al Parque Nacional
Corcovado a no ser que tengas posibles para pagarte un helicóptero privado. Allí,
en un espacio donde apenas caben tres lanchas cómodas, se monta durante el día
un movimiento aparentemente caótico que desafía todas las leyes de la organización
a los ojos del asombrado turista.
Por un lado, están "los directores de
orquesta": los boteros y capitanes locales. Con una destreza digna de
cirujano, acomodan en lanchas techadas de fibra de vidrio una cantidad absurda
de cargamento. En el mismo viaje viajan cuatro mochileros americanos o europeos
agobiados por el calor, tres neveras gigantes llenas de pescado, una lavadora
para un hotel ecológico, seis garrafas de combustible y un racimo de plátanos.
Los organizadores mueven a la gente con la autoridad de un general, gritando
apellidos extranjeros imposibles de pronunciar para que los turistas se monten en el bote correcto antes de que suba o baje la marea, que es la que
verdaderamente dirige este trasiego.
La fauna humana que transita por el muelle es un espectáculo aparte. Conviven en perfecta armonía los locales que cargan bolsas y sacos con productos diversos, sin sudar una gota, y los turistas, blindados con sombreros de safari, pantalones desmontables y tres capas de protector solar, mirando el agua con el pánico de quien cree que un cocodrilo saltará a morderles el pasaporte. Todo esto ocurre mientras los botes colectivos esquivan a los pequeños botes pesqueros, creando un embotellamiento de proas y motores fuera borda que se resuelve mágicamente a punta de bocinazos, risas y órdenes que uno no entiende.
Llega nuestro bote y nuestra hora y embarcamos con cuatro personas más, a cada cual más peculiar: el “capitán” y su acompañante, dos jóvenes mulatos, de la tierra, un hombre negro joven, con gafas oscuras, bermudas y elegante camisa que parece sacado de la serie Corrupción en Miami, y un rastafari que aparte del enorme nido de oropéndola que llevaba en la cabeza, tenía unas rastas que le llegaban por debajo de la rodilla. Y todos descalzos ¿?

Pero, ¿quién pensó que la emoción acababa aquí? Al llegar a Puerto Drake vemos que no hay muelles flotantes, sino que directamente nos tenemos que lanzar al agua. Nos quitamos las zapatillas y cuando la lancha encalla en la arena y las olas rompen contra la popa, hay que pegar ese salto confiando en no tropezar y terminar zambulléndote en el agua. Menos mal que nos echaron una mano con las maletas que si no, no sé cómo hubiéramos bajado.
Una vez en la arena, el panorama es un poema visual. Grupos de turistas aquí y allá, con zapatos y sin zapatos, maletas y mochilas por la playa, cargas que entran y cargas que salen y locales que tratan de poner un poco de orden y llevar a cada uno a su alojamiento.
A nosotros, después de un momento de incertidumbre, vienen a buscarnos con una ranchera y por carriles de tierra, cruzando algún río y pueblos dispersos, llegamos a nuestro hotel, unos bungalós en medio de la selva y junto a la playa, en el Rincón de San Josecito.
Cena temprana – a las seis y media –, rato de lectura en el porche y a la cama, pues mañana hay que madrugar para ir a San Pedrillo y hacer una ruta por el P.N. Corcovado.
"Adormecida en una hamaca por el calor y el ruido de las olas... La
viejecita del rancho vecino contaba un cuento a sus nietas... Todo comenzó una
noche de luna llena. Era el mes de marzo, el de la marea más alta del año. Las
olas se levantaban como queriendo llegar hasta la misma luna..."
"Los pececillos se ocultaban en el fondo del mar, temerosos de que
las olas los arrastraran hacia la orilla... Los cangrejos no salían de los
agujeros..."
Julieta Pinto: La Niña y El Mar
A las cinco y media, cuando aún no había amanecido, desayuno típico y a eso de las seis, paseo por la alargada playa de San Josecito para llegar a uno de sus extremos, el Rincón, donde nos recogen en un bote que viene de Pto. Drake con más personas. Aquí las olas parecen que pegan con menos fuerza y es más fácil realizar la maniobra de subida y bajada de viajeros. Esta vez hemos sido precavidos y llevamos las zapatillas de agua puestas y las botas en la mochila.
Al llegar a San Pedrillo, misma maniobra. Le vamos cogiendo gustillo a esto de subir y bajar de la barca saltando al agua.
En este parque, como en otros de Costa Rica, no está permitido llevar ni comida ni plásticos. En la entrada, dos guardas controlan nombres y mochilas. En ese momento, ¡sorpresa! un tapir - o danta, como la llaman aquí -viene andando tranquila por la playa, hasta que se da cuenta de que otros turistas desembarcan junto a ella y en ese momento se asusta, acelera y recorre rápido todo el resto de arenal para desaparecer en la espesura de la selva.
La danta o tapir centroamericano es el mamífero terrestre más grande de Costa Rica y una pieza clave para sus ecosistemas. Conocida como la "jardinera del bosque", consume frutos y hojas de más de 120 especies de plantas, dispersando semillas fertilizadas a lo largo de grandes distancias, lo que permite la regeneración natural de las selvas costarricenses.
Aunque habita desde zonas costeras como el Parque Nacional Corcovado hasta los fríos páramos de altura, este dócil gigante prehistórico se encuentra en peligro de extinción. La fragmentación de su hábitat, los atropellos viales y la caza furtiva amenazan su supervivencia, haciendo que los esfuerzos de conservación en el país sean vitales para proteger su futuro.
El Parque Nacional Corcovado,
con una extensión de 42.400 hectáreas
terrestres y 5.354 marinas,
está considerado uno de los lugares biológicamente más variados del mundo. Este
santuario alberga el 2,5% de la
biodiversidad mundial en apenas el 0,001% de la superficie del planeta, protegiendo el último gran
bosque tropical húmedo virgen del Pacífico americano.
En este ecosistema conviven más de 500 especies de árboles, 140
de mamíferos y 370 de aves.
Es un refugio vital donde habitan las 4
especies de monos de Costa Rica, la mayor población de guacamayas rojas
del país y grandes felinos como el jaguar, además de la danta, que puede
superar los 300 kilos de peso.
Para proteger este tesoro, el turismo está estrictamente regulado y la
entrada se hace exclusivamente con guías certificados a través de sus seis estaciones biológicas.
La guacamaya roja, conocida en Costa
Rica como lapa roja, es una de las aves más espectaculares y emblemáticas del
país, destacando por su gran tamaño de hasta 90 centímetros de
longitud y su vibrante plumaje de vivos colores. Esta especie
monógama, que viaja en parejas y forma ruidosas bandadas, cumple un rol
ecológico vital como dispersora de semillas en los bosques húmedos tropicales.
Aunque en el pasado sus poblaciones disminuyeron drásticamente debido a la caza
furtiva y la pérdida de hábitat, los exitosos programas de conservación y
reintroducción han logrado recuperar su presencia de forma notable. Hoy en día,
el Parque Nacional Corcovado alberga las
mayores poblaciones del país de estas coloridas aves volando libres en su
entorno natural.
El cangrejo ermitaño es un fascinante
crustáceo semiterrestre de abdomen blando que se protege usando conchas vacías
de caracoles marinos. Son célebres por su comportamiento
social cooperativo, llegando a formar ingeniosas cadenas de
intercambio donde se traspasan las conchas ordenadamente por tamaño. Además,
poseen antenas con un olfato ultrasensible para detectar
alimento a gran distancia y dependen por completo de las pozas de marea para
mantener sus branquias húmedas para poder respirar. Aunque suelen parecer
frágiles a simple vista, estos asombrosos animales son sumamente longevos y
pueden superar los 30 años de vida en su entorno
natural.
Las hormigas
cortadoras de hojas no comen plantas, sino que las usan como abono para
cultivar subterráneamente un hongo específico que es su único alimento. Para
cortar el duro follaje tropical, poseen mandíbulas que vibran mil veces por
segundo y son capaces de cargar hasta cincuenta veces su propio peso. En sus
hileras es común ver a obreras minúsculas viajando sobre las hojas; su función
es actuar como guardaespaldas para repeler moscas parásitas que intentan atacar
a la cargadora.
Sus colonias maduras albergan hasta siete millones de individuos en metrópolis subterráneas del tamaño de una cancha de tenis, equipadas con sistemas de ventilación y cámaras de basura. Para mantener la higiene, las hormigas portan en su cuerpo bacterias que producen antibióticos vivos, protegiendo el cultivo de plagas. Toda esta compleja sociedad es liderada por una reina que puede vivir hasta veinte años. Su constante actividad es vital para el ecosistema, ya que recicla nutrientes y abre espacio para que la luz solar active la vida en el suelo del bosque.
Los manglares del
río Sierpe forman parte del Humedal Nacional Térraba-Sierpe, el sistema de
manglar más grande del país. Este laberinto de canales e islas fluviales está
dominado por diversas especies de mangle, cuyas complejas raíces aéreas actúan
como una barrera natural contra la erosión y un filtro vital para los
sedimentos. Su importancia biológica es enorme ya que funciona como una
guardería marina esencial para moluscos, crustáceos y peces juveniles.
Además de su valor
para las especies acuáticas, el manglar es un santuario para una espectacular
biodiversidad terrestre y aérea. Al recorrer sus aguas silenciosas es común
observar tres de las especies de monos de Costa Rica, caimanes, cocodrilos,
perezosos y una enorme variedad de aves acuáticas y migratorias, incluyendo al
martín pescador que, perchado en alguna rama baja cerca del agua, a la espera
de una presa, nos puede pasar desapercibido.
Después de desayunar junto al embarcadero de Pto. Sierpe, una buseta nos recogió sobre las diez de la mañana para emprender el viaje hacia la capital, donde pasaríamos nuestra última noche en el país. El trayecto se hizo largo y muy pesado. Para colmo, los alrededores de San José resultaron ser un auténtico caos: tardamos casi tres horas en recorrer los últimos cincuenta kilómetros. Algo comprensible si tenemos en cuenta que esta metrópoli suele destacar en los rankings internacionales de tráfico más caótico, convirtiendo los embotellamientos en parte de la rutina diaria.









































































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