Mapa inicio
"...rodeado por un
gran bosque seco lleno de árboles como: el pochote, cornizuelo, malinche y
guanacaste. Su hogar era una acogedora casa de tablones de pochote, con piso de
tierra..."
A través de las
rendijas de los viejos tablones, el viento de la bajura soplaba con fuerza,
arrastrando el aroma dulce de las flores doradas del corteza amarillo y el
susurro crujiente de las hojas secas que tapizaban el suelo. Afuera, el sol de
la tarde encendía el plumaje rojo de los malinches y ponía a prueba la
resistencia de los animales que buscaban refugio en la densa vegetación.
En los alrededores de
la humilde vivienda, la vida silvestre reclamaba su espacio. Una pequeña
familia de armadillos —o cusucos— cavaba con paciencia en el suelo polvoriento
del escarbadero, buscando insectos bajo las raíces nudosas de un gigantesco
árbol de guanacaste. La casa, levantada a puro pulmón en medio de aquella
geografía indómita, se mantenía fresca gracias a la sombra protectora de las
copas vecinas, sirviendo como un santuario de paz donde el crujido de la
hojarasca y el canto de las chicharras marcaban el compás eterno de la pampa."
Juan Francisco Baltodano Quintana: Un día en el escarbadero del libro "Relatos de mi tierra"
El bosque seco en su expresión más árida
y aquí y allá, árboles todo flor
El bosque seco de Guanacaste es un paisaje que desafía nuestra idea
tradicional de Costa Rica. Aquí, la vida no se mide en el verde perpetuo, sino
en la transformación que refleja el paso de las estaciones, dos, la seca y la húmeda.
Durante los meses de sequía, de noviembre a marzo, los árboles se
despojan de sus hojas para retener hasta la última gota de agua. La tierra se
agrieta y el paisaje se tiñe de ocres, grises y dorados. Es un desierto
aparente, pero lleno de latidos ocultos. Bajo la corteza del indio desnudo o
entre las ramas del poró, la savia espera. Al final de ese período de letargo,
ocurre el milagro: los árboles desnudos se visten de flores amarillas, rosadas,
blancas o moradas que estallan contra un cielo vivamente azul.
Entre abril y mayo, la lluvia llega. El primer aguacero borra
la sed del suelo y, en cuestión de días, el bosque resucita con una furia verde.
Las hojas brotan, los ríos corren con inusitada fuerza y la vida estalla en
cada rincón de este ecosistema único, el mejor conservado y más extenso ejemplo
del bosque tropical seco en Centroamérica.
Traslado desde La Fortuna al Rincón de la Vieja
En cuestión de poco más de cincuenta kilómetros, hemos pasado del verde lujurioso de las selvas alrededor del pueblo de la Fortuna, desde donde hemos partido después de desayunar, a este paisaje alomado y seco camino de Liberia, capital de la provincia de Guanacaste
De vez en cuando, asoman retazos de verde y algunos árboles que pintan sus ramas de un amarillo intenso

o rosas, como este otro
en Limonal, hacemos cambio de buseta camino del Rincón de la Vieja, al noroeste de Costa Rica, no muy lejos del país vecino, Nicaragua.
Nuestro hotel, la Hacienda Guachipelín, está justo al lado de la entrada al Parque Nacional y nos sorprendió muchísimo para bien. Se encuentra en una antigua finca ganadera, en medio de una enorme extensión de bosque seco. Aunque el camino de acceso está a medio asfaltar, el aislamiento es parte de su encanto. Las instalaciones son magníficas, perfectas para disfrutar
de la naturaleza y la aventura, además de tener habitaciones enormes con dos camas de dos metros y un porche con hamacas y sillones. Es el
rincón ideal para huir, como decía Fray Luis de León, del mundanal ruido bajo la sombra de
árboles gigantes.
Y lo mejor es que, por ser huéspedes, tenemos acceso
gratuito a varias rutas de senderismo dentro de la finca y a unas pozas termales preciosas junto
al río. Para llegar a los puntos más lejanos, el hotel ofrece un servicio de
minibuses gratuitos de ida y vuelta. Si buscas algo más de emoción, también puedes
contratar actividades de pago como rafting, paseos a caballo o relajarte en su
spa.
Ruta al Río Negro y a las pozas termales
Para llegar al Río
Negro hay que coger el minibús en el hotel y en un cuarto de hora nos
deja en un punto desde el que parten dos senderos:
Uno aguas arriba a
través del bosque tropical. Este trayecto nos conduce de forma sucesiva
a una serie de cascadas que caen sobre el
cauce; en la base de estas caídas se forman pozas profundas en las que
está permitido el baño, eso sí, con aguas bien frías.
Aquí es pleno verano y el calor se nota: 36ºC, pero es un calor seco que a la sombra de los árboles se soporta bien
Un garrobo o iguana negra huye de nosotros subiendo a un árbol
Una de las cascadas y pozas que nos encontramos
en este corto sendero
junto al río Negro
Otra cascada con una poza profunda de aguas oscuras
que circulan con fuerza a pesar de estar al final ya de la estación seca
Otra cascada, quizás la más alta y ancha
La profundidad y la materia orgánica de sus aguas le confieren ese tono oscuro
que le da el nombre
El camino entre los árboles
Por otro lado, hacia abajo un sendero con puentes colgantes nos lleva al complejo de las termas, una serie de pozas rústicas acondicionadas al lado del río, con aguas minerales calentadas de forma natural por la actividad geotérmica del volcán. Cada una de las pozas posee temperaturas distintas que van desde los 36ºC, la más fresca, a los 45ºC. En esta última hice un intento de meterme, pero solo logré aguantar hasta que el agua me llegó a las rodillas porque, literalmente, achicharraba, y eso que venía de cruzar el río que estaba bastante fresco.
En el puente colgante que cruza el río Negro
en la zona de las pozas termales
Fuimos probando las distintas pozas
con distintas temperaturas junto al río
y también catamos las picaduras de los mosquitos... o nos cataron ellos a nosotros, mejor dicho.
Ruta por el P.N. Volcán Rincón de la Vieja: Sendero de las Pailas
Usando de nuevo el minibús, nos acercamos al Parque Nacional para realizar
el Sendero Circular de Las Pailas, una ruta cortita y bastante llana que se
puede hacer tranquilamente en unas dos horas. En esta caminata podemos observar
la biodiversidad del bosque tropical seco junto a zonas de bosque más húmedo, además de diversas manifestaciones
de la actividad del volcán Rincón de la Vieja, uno de los cinco volcanes
activos de Costa Rica.
A lo largo del trayecto, el paisaje cambia constantemente, alternando
áreas de sombra bajo el dosel de árboles centenarios con zonas abiertas donde el
suelo mineralizado carece de vegetación debido a las altas temperaturas
subterráneas, o partes donde los árboles y arbustos, espinosos muchos de ellos,
han perdido todas sus hojas en esta época del año y donde el terreno se muestra
extremadamente seco.
El gran atractivo del sendero son sus manifestaciones geotérmicas,
conocidas popularmente como "pailas". En estos puntos, se pueden
observar de cerca pozas de barro grisáceo o de agua que borbollean e hierven
con fuerza a temperaturas que superan los 80 °C en la superficie. Asimismo, la ruta cuenta con
fumarolas activas que expulsan vapor cargado de azufre, lagunas
sulfurosas de colores intensos y "El Volcancito", un cráter en
miniatura que emite lodo de forma constante.
Además de su valor geológico, este sendero es un excelente sitio para la
observación de fauna y flora. Durante el recorrido, se pueden ver, y sobre todo oír, a los monos aulladores,
guatusas cruzando el camino y una gran variedad de aves tropicales, todo ello
enmarcado por las raíces gigantes de los higuerones. Con un poco de
suerte, también se puede contemplar la flor nacional de Costa Rica, la orquídea
guaria morada, que crece de forma silvestre en la zona. Nosotros no la tuvimos.
Y si ocurre un milagro, quizás un puma pueda cruzarse en tu camino. Haberlos
haylos, pero sus hábitos nocturnos y su tendencia a huir de la presencia humana
hace que verlos sea prácticamente imposible.

Panel a la entrada del parque donde se explican los distintos peligros en caso de una erupción volcánica
La primera parte de la ruta
destaca por sus gigantes árboles de curiosas raíces aéreas
y por la fauna que por el sotobosque pulula -Dasyprocta punctata - Guatusa
Chlorestes eliciae - Colibrí colidorado
Malvaviscus arboreus - Amapolita silvestre o tulipancillo
El camino prosigue entre la densa selva
cruzando algún río en esta época con poca agua
Ficus spp. - Matapalo, un árbol que surge de una semilla que un animal deja con sus excrementos en la parte alta de un árbol. A partir de ahí, se va desarrollando hasta llegar al suelo y poco a poco, con el paso de los años, irá envolviendo a su víctima de tal manera que acabará matando al árbol en el que nació.
Una paila de agua hirviente
Los vapores que surgen en algunos rincones de esta selva a los pies del volcán
Petrea volubilis - Raspaguacal, choreque o guirnalda de reina
El "Volcancito"
Zelus renardii - Ninfa de chinche asesina
Ceiba pentandra
Zanthoxylum fagara - Lagartillo
Cochlospermum vitifolium - Poro poro
Las semillas de este árbol, que están rodeadas de una espesa lana, se utilizaban antiguamente para la elaboración de colchones.
Las burbujas de barro bullendo
en las Pailas de lodo
Vachellia collinsii - Cornizuelo
Pegado a la selva más húmeda y verde, se encuentra este bosque
extremadamente seco, donde a pesar del calor y la falta de agua
hierbas, arbustos y árboles muestran sus flores
Ruellia inundata - Hierba del toro
Byrsonima crassifolia - Nance
Zona donde se forman lagunillas de agua y lodo volcánico
Bromelia pinguin - Piñuela
Hetaerina cruentata - Caballito escarlata
Pavonia cancellata - Amapola
Cascada de la Oropéndola
Junto al Parque Nacional pero dentro de la finca del hotel Guachipelín, en el río Blanco, se encuentra la Cascada de la Oropéndola, un salto de unos 25 metros al que se accede por un sendero circular en el que, no podía ser menos, no faltan los puentes colgantes y, como novedad, una larga escalera suspendida en el aire que cruza el cañón de un lado a otro para dejarnos junto a la profunda poza que se forma a los pies de la cascada. En esta poza, si uno quiere y tiene ganas de helado después de tanto lodo y vapores ardientes, se puede dar un baño.
Monstera deliciosa - Mano de tigre, piñanona
Las escalerillas colgantes
que nos llevan al fondo del barranco, junto a la cascada
De subida, atravesando una zona boscosa
Senna bicapsularis o corymbosa
Desde el hotel, a pie, sin coger ningún transporte, se pueden hacer dos rutas, una cortita, la de las pozas Roja y Turquesa, y otra, que haríamos por la tarde, a Las Chorreras y pozas del Río Azul.
Ruta a las Pozas Roja y Turquesa
Esta ruta, de unos 2 km ida y vuelta nos lleva a través de un bosque tropical secundario hasta el río Blanco. El nombre de las pozas se debe una, al color de las rocas de sus orillas, la ignibrita, una roca volcánica de un intenso color rojo que, al igual que ocurre con la piedra pómez, apenas pesa nada; la otra, como es de suponer, se llama así por el color de las aguas, aunque este puede cambiar según el caudal o la luz que en ese momento haya.
Samanea saman - Cenízaro
Averrhoa carambola - Carambola
El sendero pasa entre ceibas y pochotes, árboles enormes con los troncos llenos de espinas
propios del bosque seco tropical.
Eurema proterpia - Naranja de cola
Argia anceps - Caballito del diablo azul posado en las ignibritas
de la Poza Roja
Una zona más seca donde aparecen algunas plumerias sin hojas con más de diez metros de altura
Plumeria alba o plumeria rubra
La Poza Turquesa, hoy más bien verdosa
de la que sale la corriente entre bolos
Aphelandra scabra - Cola de gallo
Otro rincón del camino
Ctenosaura similis - Garrobo
Tetragonisca angustula - Angelitas, abejas melíferas sin aguijón que producen una miel de alta calidad. Como curiosidad, sus colmenas tienen estas salidas tubulares que, durante el día, están abiertas y vigiladas por varias obreras pero que al caer la noche se encargan de tapar la entrada. Y así todos los días
Ruta a Las Chorreras y Río AzulEsta ruta la hicimos por la tarde y pensando que nos
daría tiempo de sobra para recorrer sus tres kilómetros ida y vuelta, nos lo
tomamos con mucha tranquilidad. El camino se inicia junto al hotel y atraviesa
un bosque seco tropical y zonas que se dedican al pastoreo del ganado que
aún tienen en la finca. Desde ella, si las nubes lo permiten, se puede observar
perfectamente el volcán que da nombre a este parque nacional.
Al final del sendero, se llega a un cañón de roca
volcánica donde dos cascadas gemelas caen en una hermosa poza y algo más abajo
el agua se remansa en unos estanques naturales de un llamativo color azul
celeste, ideales para darse un baño.
Nos entretuvimos tanto con flores, plantas y fotos que
llegamos con el tiempo justo para ver las Chorreras pues un empleado del hotel
que por allí andaba nos dijo que nos volviéramos pronto pues al ir cayendo el
sol, en el camino solían encontrarse bastantes serpientes.
No sé si sería cierto o no, pero dimos unas vueltas rápidas por las Chorreras y, sin
entretenernos mucho, regresamos al hotel. Y como no hay mal que por bien no
venga, encontramos la cafetería abierta, donde nos dimos el gusto de tomarnos un
buen café con unas exquisitas tartas de frutas tropicales a las que habíamos echado el ojo al mediodía.
Enterolobium cyclocarpum - Guanacaste

Tabebuia ochracea - Corteza amarilla
Volcán Rincón de la Vieja
Como todo lugar que se precie, este no podía dejar de tener su propia leyenda:
Cuenta la historia que en las faldas del volcán habitaba la princesa Curubanda, cuyo corazón
pertenecía a Mixcoac, príncipe de una tribu enemiga. Al descubrir su amor
prohibido, el furioso cacique Curubandé capturó al joven y lo arrojó vivo al
cráter hirviente.
Destrozada por el dolor, Curubanda huyó a la densa selva de la montaña
para vivir junto a la tumba de su amado. Con los años, se convirtió en una
anciana solitaria y una poderosa curandera. Los lugareños subían a buscar sus
remedios de lodo volcánico y plantas silvestres y, al desconocer su nombre, empezaron a llamar al
lugar "el rincón de la vieja".
Hoy, se dice, son los gases del volcán el humo de su fogón y los retumbos, el eco de su
llanto eterno.
Russelia sarmentosa - Coralillo o lágrimas de Cupido
Quercus oleoides - Robles encinos
Los encinos son los únicos quercus que crecen en el bosque tropical seco
A un lado y otro del inicio del camino
los encinos extienden sus ramas gruesas y rugosas sombreando nuestro caminar
Helicteres guazumifolia - Tornillos
Otra imagen del volcán Rincón de la Vieja
Nos internamos en una zona de bosque seco
bastante verde a pesar de la época
Cerquero oliváceo - Arremonops rufivirgatus
Tillandsia juncea
Las Chorreras
y el río Azul que desciende hacia la zona de pozas
Al igual que ocurre en el río Celeste, es la composición química del agua y el efecto que la luz produce en ella lo que hace que la veamos de ese color.
Un pequeño cañón por donde corren las aguas del río
Tillandsia caput-medusae - Cabeza de Medusa
Pochote - Bombacopsis quinata
Barleria oenotheroides - Barleria amarilla
Por los jardines del hotel que, como ya dije, son aquí en Costa Rica de los mejores lugares para fotografiar animales con tranquilidad, especialmente aves.
Tigrisoma mexicanum - Garza tigre
Mosquero cejiblanco - Myiozetetes similis
Colibrí coliazul - Saucerottia hoffmanii
Carreta típica de Costa Rica, usada principalmente a partir de mediados del s. XIX para en transporte del café. Hoy en día, su uso es decorativo, aunque se sacan también en eventos y festividades especiales.
Calocitta formosa - Urraca copetona
Campylorhymchus rufinucha - Chico-piojo
Rabo de gato - Stachytarpheta...
Juvenil de garrobo
Ardilla chiza - Sciurus variegatoides
Atardece y el rojo se impone en el cielo
y en el suelo...

un escorpión se pasea por la puerta de la habitación
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