jueves, 21 de mayo de 2026

Costa Rica VI: Volcán Rincón de la Vieja, el bosque tropical seco

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"...rodeado por un gran bosque seco lleno de árboles como: el pochote, cornizuelo, malinche y guanacaste. Su hogar era una acogedora casa de tablones de pochote, con piso de tierra..."

A través de las rendijas de los viejos tablones, el viento de la bajura soplaba con fuerza, arrastrando el aroma dulce de las flores doradas del corteza amarillo y el susurro crujiente de las hojas secas que tapizaban el suelo. Afuera, el sol de la tarde encendía el plumaje rojo de los malinches y ponía a prueba la resistencia de los animales que buscaban refugio en la densa vegetación.

En los alrededores de la humilde vivienda, la vida silvestre reclamaba su espacio. Una pequeña familia de armadillos —o cusucos— cavaba con paciencia en el suelo polvoriento del escarbadero, buscando insectos bajo las raíces nudosas de un gigantesco árbol de guanacaste. La casa, levantada a puro pulmón en medio de aquella geografía indómita, se mantenía fresca gracias a la sombra protectora de las copas vecinas, sirviendo como un santuario de paz donde el crujido de la hojarasca y el canto de las chicharras marcaban el compás eterno de la pampa."

Juan Francisco Baltodano Quintana: Un día en el escarbadero del libro "Relatos de mi tierra"

El bosque seco en su expresión más árida

y aquí y allá, árboles todo flor

El bosque seco de Guanacaste es un paisaje que desafía nuestra idea tradicional de Costa Rica. Aquí, la vida no se mide en el verde perpetuo, sino en la transformación que refleja el paso de las estaciones, dos, la seca y la húmeda.

Durante los meses de sequía, de noviembre a marzo, los árboles se despojan de sus hojas para retener hasta la última gota de agua. La tierra se agrieta y el paisaje se tiñe de ocres, grises y dorados. Es un desierto aparente, pero lleno de latidos ocultos. Bajo la corteza del indio desnudo o entre las ramas del poró, la savia espera. Al final de ese período de letargo, ocurre el milagro: los árboles desnudos se visten de flores amarillas, rosadas, blancas o moradas que estallan contra un cielo vivamente azul.

Entre abril y mayo, la lluvia llega. El primer aguacero borra la sed del suelo y, en cuestión de días, el bosque resucita con una furia verde. Las hojas brotan, los ríos corren con inusitada fuerza y la vida estalla en cada rincón de este ecosistema único, el mejor conservado y más extenso ejemplo del bosque tropical seco en Centroamérica.


Traslado desde La Fortuna al Rincón de la Vieja

En cuestión de poco más de cincuenta kilómetros, hemos pasado del verde lujurioso de las selvas alrededor del pueblo de la Fortuna, desde donde hemos partido después de desayunar, a este paisaje alomado y seco camino de Liberia, capital de la provincia de Guanacaste

De vez en cuando, asoman retazos de verde y algunos árboles que pintan sus ramas de un amarillo intenso

o rosas, como este otro

en Limonal, hacemos cambio de buseta camino del Rincón de la Vieja, al noroeste de Costa Rica, no muy lejos del país vecino, Nicaragua. 


Nuestro hotel, la Hacienda Guachipelín, está justo al lado de la entrada al Parque Nacional y nos sorprendió muchísimo para bien. Se encuentra en una antigua finca ganadera, en medio de una enorme extensión de bosque seco. Aunque el camino de acceso está a medio asfaltar, el aislamiento es parte de su encanto. Las instalaciones son magníficas, perfectas para disfrutar de la naturaleza y la aventura, además de tener habitaciones enormes con dos camas de dos metros y un porche con hamacas y sillones. Es el rincón ideal para huir, como decía Fray Luis de León, del mundanal ruido bajo la sombra de árboles gigantes.
Y lo mejor es que, por ser huéspedes, tenemos acceso gratuito a varias rutas de senderismo dentro de la finca y a unas pozas termales preciosas junto al río. Para llegar a los puntos más lejanos, el hotel ofrece un servicio de minibuses gratuitos de ida y vuelta. Si buscas algo más de emoción, también puedes contratar actividades de pago como rafting, paseos a caballo o relajarte en su spa.


Ruta al Río Negro y a las pozas termales

Para llegar al Río Negro hay que coger el minibús en el hotel y en un cuarto de hora nos deja en un punto desde el que parten dos senderos:

Uno aguas arriba a través del bosque tropical. Este trayecto nos conduce de forma sucesiva a una serie de cascadas que caen sobre el cauce; en la base de estas caídas se forman pozas profundas en las que está permitido el baño, eso sí, con aguas bien frías.

Aquí es pleno verano y el calor se nota: 36ºC, pero es un calor seco que a la sombra de los árboles se soporta bien

Un garrobo o iguana negra huye de nosotros subiendo a un árbol

Una de las cascadas y pozas que nos encontramos

en este corto sendero

junto al río Negro

Otra cascada con una poza profunda de aguas oscuras

que circulan con fuerza a pesar de estar al final ya de la estación seca

Otra cascada, quizás la más alta y ancha

La profundidad y la materia orgánica de sus aguas le confieren ese tono oscuro

que le da el nombre

El camino entre los árboles

Por otro lado, hacia abajo un sendero con puentes colgantes nos lleva al complejo de las termas, una serie de pozas rústicas acondicionadas al lado del río, con aguas minerales calentadas de forma natural por la actividad geotérmica del volcán. Cada una de las pozas posee temperaturas distintas que van desde los 36ºC, la más fresca, a los 45ºC. En esta última hice un intento de meterme, pero solo logré aguantar hasta que el agua me llegó a las rodillas porque, literalmente, achicharraba, y eso que venía de cruzar el río que estaba bastante fresco.

En el puente colgante que cruza el río Negro

en la zona de las pozas termales

Fuimos probando las distintas pozas

con distintas temperaturas junto al río
y también catamos las picaduras de los mosquitos... o nos cataron ellos a nosotros, mejor dicho.


Ruta por el P.N. Volcán Rincón de la Vieja: Sendero de las Pailas

Usando de nuevo el minibús, nos acercamos al Parque Nacional para realizar el Sendero Circular de Las Pailas, una ruta cortita y bastante llana que se puede hacer tranquilamente en unas dos horas. En esta caminata podemos observar la biodiversidad del bosque tropical seco junto a zonas de bosque más húmedo, además de diversas manifestaciones de la actividad del volcán Rincón de la Vieja, uno de los cinco volcanes activos de Costa Rica.

A lo largo del trayecto, el paisaje cambia constantemente, alternando áreas de sombra bajo el dosel de árboles centenarios con zonas abiertas donde el suelo mineralizado carece de vegetación debido a las altas temperaturas subterráneas, o partes donde los árboles y arbustos, espinosos muchos de ellos, han perdido todas sus hojas en esta época del año y donde el terreno se muestra extremadamente seco.

El gran atractivo del sendero son sus manifestaciones geotérmicas, conocidas popularmente como "pailas". En estos puntos, se pueden observar de cerca pozas de barro grisáceo o de agua que borbollean e hierven con fuerza a temperaturas que superan los 80 °C en la superficie. Asimismo, la ruta cuenta con fumarolas activas que expulsan vapor cargado de azufre, lagunas sulfurosas de colores intensos y "El Volcancito", un cráter en miniatura que emite lodo de forma constante.

Además de su valor geológico, este sendero es un excelente sitio para la observación de fauna y flora. Durante el recorrido, se pueden ver, y sobre todo oír, a los monos aulladores, guatusas cruzando el camino y una gran variedad de aves tropicales, todo ello enmarcado por las raíces gigantes de los higuerones. Con un poco de suerte, también se puede contemplar la flor nacional de Costa Rica, la orquídea guaria morada, que crece de forma silvestre en la zona. Nosotros no la tuvimos. Y si ocurre un milagro, quizás un puma pueda cruzarse en tu camino. Haberlos haylos, pero sus hábitos nocturnos y su tendencia a huir de la presencia humana hace que verlos sea prácticamente imposible.

Panel a la entrada del parque donde se explican los distintos peligros en caso de una erupción volcánica

La primera parte de la ruta

destaca por sus gigantes árboles de curiosas raíces aéreas

y por la fauna que por el sotobosque pulula -Dasyprocta punctata - Guatusa

Chlorestes eliciae - Colibrí colidorado

Malvaviscus arboreus - Amapolita silvestre o tulipancillo

El camino prosigue entre la densa selva

cruzando algún río en esta época con poca agua

Ficus spp. - Matapalo, un árbol que surge de una semilla que un animal deja con sus excrementos en la parte alta de un árbol. A partir de ahí, se va desarrollando hasta llegar al suelo y poco a poco, con el paso de los años, irá envolviendo a su víctima de tal manera que acabará matando al árbol en el que nació.

Una paila de agua hirviente

Los vapores que surgen en algunos rincones de esta selva a los pies del volcán

Petrea volubilis - Raspaguacal, choreque o guirnalda de reina

El "Volcancito"

Zelus renardii - Ninfa de chinche asesina

Ceiba pentandra

Zanthoxylum fagara - Lagartillo

Cochlospermum vitifolium - Poro poro
Las semillas de este árbol, que están rodeadas de una espesa lana, se utilizaban antiguamente para la elaboración de colchones.

Las burbujas de barro bullendo

en las Pailas de lodo

Vachellia collinsii - Cornizuelo

Pegado a la selva más húmeda y verde, se encuentra este bosque 

extremadamente seco, donde a pesar del calor y la falta de agua
hierbas, arbustos y árboles muestran sus flores

Ruellia inundata - Hierba del toro

Byrsonima crassifolia - Nance

Zona donde se forman lagunillas de agua y lodo volcánico

Bromelia pinguin - Piñuela

Hetaerina cruentata - Caballito escarlata

Pavonia cancellata - Amapola

Cascada de la Oropéndola

Junto al Parque Nacional pero dentro de la finca del hotel Guachipelín, en el río Blanco, se encuentra la Cascada de la Oropéndola, un salto de unos 25 metros al que se accede por un sendero circular en el que, no podía ser menos, no faltan los puentes colgantes y, como novedad, una larga escalera suspendida en el aire que cruza el cañón de un lado a otro para dejarnos junto a la profunda poza que se forma a los pies de la cascada. En esta poza, si uno quiere y tiene ganas de helado después de tanto lodo y vapores ardientes, se puede dar un baño.

Monstera deliciosa - Mano de tigre, piñanona

Las escalerillas colgantes

que nos llevan al fondo del barranco, junto a la cascada

De subida, atravesando una zona boscosa

Senna bicapsularis o corymbosa


Desde el hotel, a pie, sin coger ningún transporte, se pueden hacer dos rutas, una cortita, la de las pozas Roja y Turquesa, y otra, que haríamos por la tarde, a Las Chorreras y pozas del Río Azul.


Ruta a las Pozas Roja y Turquesa

Esta ruta, de unos 2 km ida y vuelta nos lleva a través de un bosque tropical secundario hasta el río Blanco. El nombre de las pozas se debe una, al color de las rocas de sus orillas, la ignibrita, una roca volcánica de un intenso color rojo que, al igual que ocurre con la piedra pómez, apenas pesa nada; la otra, como es de suponer, se llama así por el color de las aguas, aunque este puede cambiar según el caudal o la luz que en ese momento haya.

Samanea saman - Cenízaro

Averrhoa carambola - Carambola

El sendero pasa entre ceibas y pochotes, árboles enormes con los troncos llenos de espinas

propios del bosque seco tropical.

Eurema proterpia - Naranja de cola

Argia anceps - Caballito del diablo azul posado en las ignibritas

de la Poza Roja

Una zona más seca donde aparecen algunas plumerias sin hojas con más de diez metros de altura

Plumeria alba  o plumeria rubra

La Poza Turquesa, hoy más bien verdosa

de la que sale la corriente entre bolos

Aphelandra scabra - Cola de gallo

Otro rincón del camino

Ctenosaura similis - Garrobo

Tetragonisca angustula - Angelitas, abejas melíferas sin aguijón que producen una miel de alta calidad. Como curiosidad, sus colmenas tienen estas salidas tubulares que, durante el día, están abiertas y vigiladas por varias obreras pero que al caer la noche se encargan de tapar la entrada. Y así todos los días


Ruta a Las Chorreras y Río Azul

Esta ruta la hicimos por la tarde y pensando que nos daría tiempo de sobra para recorrer sus tres kilómetros ida y vuelta, nos lo tomamos con mucha tranquilidad. El camino se inicia junto al hotel y atraviesa un bosque seco tropical y zonas que se dedican al pastoreo del ganado que aún tienen en la finca. Desde ella, si las nubes lo permiten, se puede observar perfectamente el volcán que da nombre a este parque nacional.

Al final del sendero, se llega a un cañón de roca volcánica donde dos cascadas gemelas caen en una hermosa poza y algo más abajo el agua se remansa en unos estanques naturales de un llamativo color azul celeste, ideales para darse un baño.

Nos entretuvimos tanto con flores, plantas y fotos que llegamos con el tiempo justo para ver las Chorreras pues un empleado del hotel que por allí andaba nos dijo que nos volviéramos pronto pues al ir cayendo el sol, en el camino solían encontrarse bastantes serpientes.

No sé si sería cierto o no, pero dimos unas vueltas rápidas por las Chorreras y, sin entretenernos mucho, regresamos al hotel. Y como no hay mal que por bien no venga, encontramos la cafetería abierta, donde nos dimos el gusto de tomarnos un buen café con unas exquisitas tartas de frutas tropicales a las que habíamos echado el ojo al mediodía.


 Enterolobium cyclocarpum -  Guanacaste

Tabebuia ochracea - Corteza amarilla 

Volcán Rincón de la Vieja

Como todo lugar que se precie, este no podía dejar de tener su propia leyenda:

Cuenta la historia que en las faldas del volcán habitaba la princesa Curubanda, cuyo corazón pertenecía a Mixcoac, príncipe de una tribu enemiga. Al descubrir su amor prohibido, el furioso cacique Curubandé capturó al joven y lo arrojó vivo al cráter hirviente.

Destrozada por el dolor, Curubanda huyó a la densa selva de la montaña para vivir junto a la tumba de su amado. Con los años, se convirtió en una anciana solitaria y una poderosa curandera. Los lugareños subían a buscar sus remedios de lodo volcánico y plantas silvestres y, al desconocer su nombre, empezaron a llamar al lugar "el rincón de la vieja". Hoy, se dice, son los gases del volcán el humo de su fogón y los retumbos, el eco de su llanto eterno.


Russelia sarmentosa - Coralillo o lágrimas de Cupido

Quercus oleoides - Robles encinos

Los encinos son los únicos quercus que crecen en el bosque tropical seco

A un lado y otro del inicio del camino

los encinos extienden sus ramas gruesas y rugosas sombreando nuestro caminar

Helicteres guazumifolia - Tornillos

Otra imagen del volcán Rincón de la Vieja

Nos internamos en una zona de bosque seco

bastante verde a pesar de la época

Cerquero oliváceo - Arremonops rufivirgatus

Tillandsia juncea

Las Chorreras

y el río Azul que desciende hacia la zona de pozas

Al igual que ocurre en el río Celeste, es la composición química del agua y el efecto que la luz produce en ella lo que hace que la veamos de ese color.

Un pequeño cañón por donde corren las aguas del río

Tillandsia caput-medusae - Cabeza de Medusa

Pochote - Bombacopsis quinata

Barleria oenotheroides - Barleria amarilla


Por los jardines del hotel que, como ya dije, son aquí en Costa Rica de los mejores lugares para fotografiar animales con tranquilidad, especialmente aves.

Tigrisoma mexicanum - Garza tigre

Mosquero cejiblanco - Myiozetetes similis

Colibrí coliazul - Saucerottia hoffmanii

Carreta típica de Costa Rica, usada principalmente a partir de mediados del s. XIX para en transporte del café. Hoy en día, su uso es decorativo, aunque se sacan también en eventos y festividades especiales.

Calocitta formosa - Urraca copetona

Campylorhymchus rufinucha - Chico-piojo 

Rabo de gato - Stachytarpheta...

Juvenil de garrobo

Ardilla chiza - Sciurus variegatoides

Atardece y el rojo se impone en el cielo

y en el suelo...

un escorpión se pasea por la puerta de la habitación

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