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“Dios, agotado de pintar el cielo, tomó un descanso y puso los pinceles en el agua de un río...”
Parte de una crónica del periodista costarricense Alonso Mata Blanco
El río Celeste, ubicado en el Parque Nacional Volcán Tenorio, al norte del lago Arenal, es otra de las maravillas naturales de Costa Rica. Su rasgo más distintivo es el intenso color azul turquesa de sus aguas.
El recorrido por el parque consiste en una caminata de unos siete kilómetros por el bosque tropical lluvioso. Es un escenario ideal para avistar abundante fauna, caminar en silencio y dejarse envolver por los sonidos de la selva.
Elogio del disparate
Comenté en otra entrada y lo mantengo que los costarricenses son por lo general personas amables, hospitalarias y siempre dispuestas a echar una mano. Sin embargo, como dice el saber popular, toda regla tiene su excepción, y quiso la providencia que esa "excepción" nos acompañase al río Celeste. Aquel día, el destino no nos otorgó un guía sino un remedo de Clint Eastwood en "Sargento de Hierro", de tal forma que convirtió la excursión al P.N. Tenorio en una epopeya de proporciones casi homéricas. En un viaje en el que se debía tardar una hora y media, tardamos casi cuatro. Aquello no fue un traslado, fue una reinterpretación libre de la Odisea, pero sin héroes y con una nave vestida de buseta perdida en los mares procelosos de las calles de La Fortuna.
Son las ocho. La jornada ha comenzado con veinte minutos de retraso y se inaugura con un escupitajo del guía nada más bajar del vehículo, gesto elegante donde los haya. Pregunta por una tal Carla. Respiramos aliviados: "No somos nosotros". Error. Tras deambular por la entrada del hotel como alma en pena y consultar varias veces en recepción, descubrió que sí, que éramos nosotros sus clientes perdidos. Nos había tocado. Ya en el vehículo, compartimos nuestra perplejidad con la chica del asiento de al lado que resultó ser la buscada.
- Carla soy yo -dijo.
A partir de ahí, comenzó una especie de rally urbano por las calles y hoteles de La Fortuna. El hombre buscaba pasajeros como quien intenta recordar dónde dejó aparcado el coche después de una noche de juerga. Subía, bajaba, giraba, retrocedía y volvía a empezar mientras el reloj avanzaba con alegre crueldad. Aquello no era un viaje. Más parecía una escena de Tres sombreros de copa de Miguel Mihura.
Cuando por fin emprendimos camino hacia el río Celeste, las nueve hacía rato que la habíamos dejado aparcada en el reloj. Entonces, micrófono en mano, inició su recital de normas y advertencias con un tono entre cabo chusquero y vigilante de prisión. Las serpientes, el tabaco, salirse del sendero, el barro del camino, la empinada cuesta que apenas resultó ser nada... todo era anunciado, en español e inglés, como si nos dirigiéramos al frente de guerra y no a un parque natural.
A mitad de camino paramos a desayunar. "Parar" quizá no sea el verbo exacto: aquello tuvo la duración de un banquete de bodas. Y cuando por fin llegamos frente a la entrada, aún quedaba una misteriosa visita a una tienda cuya utilidad jamás comprendimos. ¿Amistad? ¿Una comisión? Tal vez simple vocación de hacernos perder el tiempo.
A eso de las doce y pico, logramos traspasar las puertas de la Ítaca soñada, el Parque Nacional Volcán Tenorio. El río Celeste seguía allí, ajeno a las humanas miserias. Y cuando uno lo contempla, entiende que ha llegado la hora de desconectar para que ni el peor guía pueda arruinar del todo la belleza del mundo... aunque lo intente con entusiasmo profesional.
Ruta por el Parque Nacional Volcán Tenorio - Río Celeste
Cartel a la entrada del parque
Gurania makoyana - Pata de danta, una enredadera costarricense que recibe su nombre común por la forma de sus hojas, parecidas a las huellas de un tapir o danta
La exuberante vegetación a un lado y otro del camino
La perfecta espiral de la hoja neonata de un helecho
Bocaracá o víbora de pestañas - Bothriechis schlegelii
Esta pequeña serpiente habita en las selvas del centro y el sur de América. Su rasgo más distintivo son las escamas levantadas sobre sus ojos, que asemejan pestañas. Destaca por su polimorfismo, exhibiendo colores que van desde el verde brillante hasta el amarillo intenso. Es un reptil arborícola nocturno que utiliza su cola prensil para sujetarse a las ramas. Desde allí, caza por emboscada ranas, lagartijas y pequeñas aves mediante su veneno hemotóxico. Su nombre boruca significa "el diablo que mata al morder". La picadura de la bocaracá provoca dolor agudo, inflamación extrema y necrosis, altera gravemente la coagulación sanguínea y destruye los glóbulos rojos, lo que desencadena hemorragias internas y fallos orgánicos potencialmente mortales si no se administra el suero antiofídico de forma inmediata.
De la peligrosidad de la víbora de pestañas da cuenta este fragmento del libro "Cuentos de Angustias y Paisajes" del escritor costarricense Carlos Salazar Herrera.
Cierta tarde, regresaba Jenaro Salas de su trabajo de montaña, tirando
de una carretilla cargada de súrtubas y palmitos. Al acercarse a su rancho,
halló en el portón a su pequeño hijito, que lloraba con claros deseos de contar
algo que no sabía decir. Movido por el temor, Jenaro no se ocupó más del niño.
Echó a correr y se metió en la casa...
pero
en la casa no estaba su mujer. La llamó varias veces. Muy angustiado se asomó
por la puerta trasera. Dirigió su vista en todas direcciones, como una brújula
agitada; al fin se clavó en el norte, hacia abajo, junto al riachuelo que
transcurría a una pedrada de lejos. Corrió otra vez. Allí estaba su mujer,
tendida en el suelo, lívida, inconsciente. Dos de los nudillos de su mano
izquierda sangraban. Cerca de ella había una serpiente de unos dos palmos de
longitud, con la cabeza aplastada y todavía en convulsiones. Era una bocaracá.
Jenaro no ignoraba que, en aquellos casos, unos minutos malgastados eran de la muerte. No
debía perder tiempo en aplicar inútiles remedios caseros, ni en consolar al
niño que lloraba, con los ojitos como dos preguntas. Iría a buscar suero contra
la mordedura de serpientes, y para hallarlo necesitaba consumir veinte
kilómetros de mal camino. Arrastró a su mujer hasta la casa y allí la dejó tirada
sobre un camastro. Buscó su caballo. Hizo riendas de un cordel. Arrebató un
látigo a un árbol. Montó en pelo la bestia y, azotándola en ambas ancas, la
echó a correr desenfrenada sobre la grosería del camino.

El cielo por momentos nos regala su azul sobre el verde de la selva
pero bajo el dosel de una frondosa vegetación
la sombra y el frescor se perpetúa
Poco a poco nos vamos internando cada vez más
en la espesura de la selva tropical
Citronella costarricensis - Citronela
Este árbol que crece en los bosques tropicales de Centroamérica no tiene nada que ver con la hierba de citronela (Cymbopogon nardus), la que se usa como repelente de insectos, aunque no carece de propiedades medicinales ya que se utiliza como un antiinflamatorio natural, tiene efectos antisépticos y sus flores y aceites vegetales desprenden fragancias naturales muy valoradas en perfumería.
Corytophanes cristatus - Perro zompopo
Este fascinante reptil, al que también se le llama "camaleón tico", destaca por su estrategia de defensa: es capaz de quedarse petrificado sobre un tronco o rama tanto tiempo que permite el crecimiento de musgo sobre su propio cuerpo para perfeccionar su camuflaje. Esta quietud se complementa con su habilidad para cambiar de color y con un metabolismo que le permite pasar varios días sin comer si previamente ha logrado cazar una presa grande. Finalmente, si el mimetismo falla, el zompopo rompe su quietud con una huida explosiva, siendo capaz de correr erguido sobre sus dos patas traseras a gran velocidad.
Una parada en el camino para cotemplar
los arbóreos helechos cola de mono -Sphaeropteris brunei-
Oxybelis fulgidus - Bejuquillo o serpiente liana
Esta serpiente americana destaca por su asombrosa capacidad de camuflaje, llegando a imitar el balanceo de la vegetación con el viento para pasar desapercibida mientras utiliza su lengua siempre extendida a modo de radar. En el caso de ser descubierta, se infla dejando ver un patrón de escamas blancas y negras con el fin de ahuyentar a sus depredadores. A diferencia de otros reptiles, posee una excelente visión lo que le permite calcular ataques milimétricos en los que clava sus colmillos traseros a sus desprevenidas presas, a las que inyecta una toxina, mortal para las aves pero inofensiva para los humanos. Especialista en cazar colibríes, los espera emboscada junto a las flores que estos suelen visitar y allí, simulando una liana espera su momento para lanzar un ataque explosivo con el que es capaz de atrapar al colibrí en pleno vuelo.
El sendero se estrecha y el barro está cada vez más presente
Algunas florecillas en el camino
Napeanthus apodemus
Drymonia serrulata -Viejito
antes de llegar al río Celeste
con su famosa cascada de más de treinta metros
que da lugar a una profunda poza de un intenso color azul en la que -menos mal- está prohibido bañarse
Subiendo los escalones desde la cascada
Muchas personas se dan la vuelta aquí
pero el camino prosigue ya convertido en un senderillo estrecho, más empinado, rocoso y resbaladizo
Bocaracá o víbora de pestañas amarilla
Las mordeduras letales de esta y otras culebras venenosas de Costa Rica propició el desarrollo de una terapia antiofídica impulsada por el Dr. Clodomiro Picado Twight. Su investigación pionera sobre serpientes y venenos inspiró la creación del Instituto Clodomiro Picado (ICP) de la Universidad de Costa Rica en 1970. Este centro logró producir los primeros sueros antiofídicos del país, evolucionando hacia antídotos altamente eficaces. Actualmente, el ICP exporta miles de viales anuales a Latinoamérica y África principalmente, salvando innumerables vidas en todo el mundo al neutralizar mordeduras de especies letales como mambas, víboras o la serpiente terciopelo, la más temida en Costa Rica por su toxicidad mortal, su abundancia y su presencia en todos los ecosistemas del país, desde las zonas urbanas a los campos de cultivo, las selvas tropicales de montaña o en aquellas que caen sobre la orilla del mar.
La vereda desemboca en un mirador
desde el que se puede contemplar la extensa superficie arbórea que cubre las laderas del volcán Tenorio
y su cumbre, si las nubes lo permiten
El volcán Tenorio, con 1.916 metros de altitud, es un estratovolcán dormido situado en la Cordillera de Guanacaste. Está compuesto de cuatro picos volcánicos y dos cráteres gemelos. Formado por lavas andesíticas, alberga a sus pies fuentes termales y fumarolas activas. El hecho de no haber registrado erupciones en tiempos modernos y la abundante lluvia de la zona han permitido el desarrollo de un exuberante bosque pluvial a su alrededor.
Una antigua leyenda indígena chorotega atribuye su nombre al valiente guerrero Tenorí, que luchó contra un monstruo que habitaba en una laguna mítica en las cercanías del volcán.
Pilocosta nana - Lengua de gato, un arbusto ratrero que recibe su nombre común porque esos pelillos que tienen las hojas las hacen ásperas al tacto
El río Celeste en su discurrir por el parque
La Laguna Azul -no la de la mítica película de 1980- se localiza medio kilómetro aguas arriba de la cascada
y allí un lagarto Jesucristo -Basiliscus plumifrons- toma el escaso sol sobre unas ramas de un árbol caído
y entre la hojarasca, un Holcosus festivus - Ameiva o chisbala ¿Tendrá este último nombre común algo que ver la rapidez con la que se desplaza por el suelo del bosque en busca de alimento o para evitar servir de comida a otros?
Los Borbollones, un lugar donde se puede apreciar a simple vista y a "simple olfato" la cantidad de burbujas de gas que salen del fondo del río: el olor a azufre es tan intenso que ya desde algunos cientos de metros antes de llegar se puede apreciar.
Rhinoclemmys funerea - Tortuga negra de río, de los pocos animales que podemos ver en sus aguas
ya que debido a la alta concentración química y su acidez, el agua carece de oxígeno y no hay peces en ella
Ya en una zona más llana con algunos puentecillos
el camino va atravesando el verde lujurioso
para volver otra vez junto al río
en la zona que se conoce como Los Teñideros
el lugar donde el agua, sorprendentemente, cambia de color
Este espectacular cambio de color se debe a un fenómeno óptico llamado dispersión de Mie. Se produce aquí cuando se une el río Buenavista, cargado de partículas de aluminosilicatos, con el río Quebrada Agria, de aguas muy ácidas. Esto hace que esas partículas se agrupen y aumenten de tamaño lo que provoca que absorban todos los componentes de la luz solar menos los tonos azules, que se reflejan intensamente, engañando al ojo humano al hacer que el agua cristalina parezca de un color celeste brillante.
Blakea littoralis - San Miguel
La ruta es de ida y vuelta, así que volvemos a disfrutar dos veces
del río
del barro
de la compañía -a pesar del guía-
de esta jungla tupida y espesa
donde la cámara no descansa
ni un solo instante
ante tanta planta y una danta
A eso de las tres y media, ya casi cerrando el parque, salimos. Y a esa hora fuimos a comer al sitio que teníamos concertado y pagado, el Rte. "Las Abejas". Al llegar tan tarde -no hay mal que por bien no venga-, estábamos solos y pudimos disfrutar del lugar, la comida y de los pájaros que llegaban continuamente a unos plátanos maduros que les habían puesto en unos alambres.
Pteroglossus torquatus - Tucancillo collarejo
Ramphocelus passerinii - Sargento
Thraupis palmarum - Tángara palmera
Pitangus sulphuratus - Bienteveo
Myiozetetes similis - Mosquero cejiblanco o pechiamarillo
Ramphastos ambiguus - Tucán de pico castaño
un restaurante con vistas
Eufonia laniirostris - Agüío, macho
Thraupis episcopus - Tángara azuleja
Desde el restaurante, un camino bajaba hacia el río
Psammisia ramiflora - Colmillos, planta endémica de las selvas húmedas montañosas de Centroamérica
Centropogon granulosus - Flor de flamenco, una planta centroamericana con retorcidas flores a las que se adaptan los picos curvados de algunas especies de colibríes
Concluimos el día con un baño en el río Celeste, ya fuera del parque. Al caer el sol, pareció disiparse también el mal humor de nuestro particular "guía". Su falta de empatía y de profesionalidad resultaron del todo injustificadas ante un grupo que, lejos de dar motivos para semejante trato, soportó con paciencia, educación y una templanza admirable sus formas totalmente fuera de lugar.
El río, aguas abajo
de la zona de baño
Aunque hacía calor, el agua estaba bastante fresquita
El viaje de vuelta a La Fortuna fue "apenas" hora y media. Por supuesto, llegamos de noche.
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