lunes, 6 de julio de 2026

Costa Rica X y última: Cafetal Doka y Volcán Poás, donde esta vez las nubes olvidaron cerrar la puerta

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Último día en Costa Rica. Para no perder la costumbre, toca madrugar pues nos recogen temprano para ir primero al cafetal Doka, una de las grandes haciendas cafeteras del país, donde desayunaremos también, para trasladarnos después hasta el cráter del volcán Poás. A ver si hay suerte y hoy podemos verlo despejado.

De camino al cafetal, atravesamos la ciudad de Alajuela, capital de la provincia homónima, la conocida como "Ciudad de los mangos", donde cada casa, cada patio, cada parque se precia de dormir bajo su sombra y saborear sus frutos. Este apelativo tiene su origen a finales del siglo XIX cuando su plaza central fue adornada con estos árboles asiáticos. Con el tiempo, el mango se transformó en el alma de la población, un símbolo de hospitalidad y el eje de tradiciones como su famosa Fiesta del Mango, donde reparten y regalan bolsas repletas de jugosos y aromáticos frutos a vecinos y visitantes.  


Visita al cafetal Doka

"Bajo el toldo verde y tupido de los cafetales, el día transcurría en un ritmo de manos febriles y espaldas dobladas. Hombres, mujeres y carajillos se hundían entre las hileras de plantas cargadas, donde el aire apenas corría, pesado por el olor a tierra húmeda y a miel de fruto maduro. Cada uno defendía su 'corte', su hilera asignada, avanzando palmo a palmo con el canasto atado fuertemente a la cintura. Los dedos, teñidos ya por la savia oscura y pegajosa del arbusto, se movían con una agilidad experta, desgranando las ramas ricas en rubíes.

A veces, un grito lejano cortaba el silencio verde: era el mandador vigilando que no se quedaran granos perdidos en el suelo o que no se mezclaran hojas en la recolecta. Al mediodía, el cansancio se aplacaba un momento a la sombra de un higuerón, desatando los pañuelos para comer el arroz y los frijoles fríos sacados de las hojas de plátano. Pero la tregua era corta. Había que llenar los sacos antes de que cayera la tarde, cuando el sol empezaba a retirarse y las carretas aguardaban junto al camino para medir las cajuelas. El cuerpo dolía, las piernas pesaban por el barro, pero en el alma del peón latía la terca esperanza de que aquellas hileras ajenas le dieran, al menos, el sustento para el crudo invierno."

Fabián Dobles: El Sitio de las Abras


La historia del café en Costa Rica comenzó alrededor de 1750, cuando los colonizadores españoles introdujeron las primeras plantas traídas directamente desde las Antillas, plantas que a su vez procedían de Etiopía, la cuna mundial del grano.

Durante años se ha sembrado café de las dos variedades que existen, la robusta, que da una gran cantidad de frutos y alta concentración de cafeína, pero cuya calidad es baja, y la variedad arábica, menos productiva y con menores niveles de cafeína, pero que destaca por brindar un grano de más calidad, lleno de aromas y matices.

Hoy en día, por ley, en Costa Rica solo se permite sembrar café de la variedad arábica, quedando prohibido el cultivo de robusta.

Para explotar el máximo potencial de la variedad arábica, el país apostó por el cultivo de altura. El mejor café costarricense se produce en terrenos ubicados entre los 1200 y los 2000 metros sobre el nivel del mar, donde las bajas temperaturas de la montaña ralentizan la maduración del fruto, concentrando los azúcares y los ácidos deseados.

Aunque existen fincas de gran extensión como la Hacienda Doka (que abarca unas 60 hectáreas), donde estamos, la mayoría de las plantaciones son pequeñas, de productores independientes.

Cafetal 

El ciclo anual del cultivo del café arranca en los meses de marzo y abril con las primeras lluvias, dando paso a una hermosa floración que dura entre 4 y 5 semanas. Tras meses de desarrollo, la temporada de cosecha se concentra estrictamente en los meses más frescos y secos, yendo de octubre a febrero.

La recolección es un proceso riguroso, artesanal y selectivo:

Cosecha 100% manual: Se recoge única y exclusivamente la fruta madura, aquella que ha alcanzado un color rojo intenso. Los granos verdes se dejan intactos en la planta para campañas posteriores.

Mano de obra especializada: Se calcula que el proceso requiere un promedio de 2 recolectores por cada hectárea. El grueso de estos trabajadores está compuesto por temporeros nicaragüenses, quienes migran estacionalmente al país atraídos por la campaña agrícola.

Granos de café en la planta

Flores de la planta del café

El esfuerzo y rendimiento diario del recolector se mide en los centros de acopio utilizando una unidad tradicional de volumen: la cajuela, que equivale a unos 13 kg de café en fruta.

El sistema económico diario funciona bajo las siguientes premisas:

  • Se pagan 4 dólares por cajuela entregada.
  • Un recolector experimentado logra sacar entre 40 y 60 dólares diarios.
  • Como método de control y tradición, a los recolectores se les paga con fichas de metal o plástico. Al final de la jornada o de la semana, los temporeros pueden cambiar estas fichas por dinero en efectivo o por productos de primera necesidad dentro de la propia hacienda.


Antigua tabla de control del número de cajuelas recogidas

Una vez entregado el fruto rojo, el café entra al "beneficio" (así se llama la planta de procesamiento), donde el agua juega un papel fundamental. Se utiliza la fuerza hidráulica para lavar y transportar el grano a lo largo de los canales de la planta.

En este punto, el proceso técnico es sumamente minucioso:

  • Separación por tamaño: Los granos se criban mecánicamente bajo la regla de oro de que, a tamaño más grande, mayor calidad.
  • Fermentación: Los granos ya despulpados se dejan reposar en tanques de agua durante dos horas para una fermentación controlada que elimina el mucílago (la capa gelatinosa) y potencia sus notas aromáticas.
  • El secado al sol: Si el clima es favorable y hace buen tiempo, el café se extiende en grandes patios al sol durante 5 días. Para que el secado sea homogéneo, el grano se mueve rigurosamente cada 45 minutos. Si empieza a llover o cae la noche, el café se tapa rápidamente con lonas para protegerlo de la humedad ambiental.
  • El secado a máquina: Si el clima es adverso, se recurre a secadoras industriales (guardiolas) que completan el proceso en solo día y medio.


Máquina de cribado y fermentación

Pasando junto a una antigua máquina secadora

Patio donde se secaban los granos de café cuando el buen tiempo permitía el secado al sol durante el día

Una vez seco, al café se le quita la cáscara exterior restante (el pergamino). El grano limpio resultante —conocido como café verde— se guarda en sacos de yute y se almacena en bodegas durante un periodo de tres meses para que repose y estabilice sus componentes químicos.

Finalmente, el café se envasa para su exportación en sacos estándar de 45 kg, cuyo valor en el mercado internacional oscila entre los 250 y 300 dólares.

El café de Costa Rica se vende siempre sin tostar por una razón de conservación científica crucial:

  • El café sin tostar aguanta su aroma hasta año y medio (18 meses), actuando el grano crudo como una cápsula protectora hermética.
  • Si se exportara ya tostado, al entrar en contacto con el aire se volvería poroso y perdería todo su aroma en solo dos semanas. Al venderlo verde, se garantiza que viaje protegido y que, al llegar a su destino, cada país termine el proceso con el tostado al gusto de cada zona y mercado local.



Los granos de café en crudo, con su cascarilla

El tueste final que recibe el grano verde en el país de destino no solo define el color del café, sino que altera drásticamente sus compuestos químicos y la respuesta biológica de quien lo consume:

  • Menos tostado (Tueste ligero): Al someter al grano a menos calor, se preservan intactos los ácidos orgánicos naturales. El resultado es una taza con más acidez y notas frutales. Además, al no degradarse por las altas temperaturas, retiene una mayor concentración de cafeína.
  • Más tostado (Tueste oscuro): El calor prolongado destruye los ácidos orgánicos naturales (desvaneciendo la acidez) y disminuye por volatilización la concentración de cafeína. Ofrece una taza más amarga, con notas ahumadas o a chocolate.

El efecto diurético: Se experimenta de forma mucho más notable con el café menos tostado debido a su alta concentración de cafeína. Desde un punto de vista biológico, la cafeína estimula los riñones y es detectada por el organismo como un elemento extraño (un alcaloide) que altera su equilibrio. Para protegerse y recuperar la normalidad, el cuerpo activa un mecanismo de defensa rápido para eliminarla a través de la orina, incrementando notablemente la necesidad de ir al baño.

Usadas antaño en las labores del cafetal, estas antiguas carretas tiradas por bueyes, con sus adornos de gala, son hoy una atracción turística y uno de los símbolos de la Costa Rica rural.


Volcán Poás

El volcán Poás es un estratovolcán próximo a la ciudad de Alajuela y a San José. Con una altitud de 2.708 metros sobre el nivel del mar, es uno de los más activos de toda Centroamérica. Su asombroso, enorme y desnudo cráter resalta aún más por estar rodeado de un exuberante bosque nuboso que es posible apreciar ya desde la carreterita que en continuos zigzags llega hasta casi su cumbre.

El origen del nombre "Poás" ha sido motivo de debate entre historiadores y geógrafos. Durante los inicios de la colonización española, el macizo era conocido simplemente como "Volcán de los Botos", en referencia a la tribu indígena que habitaba en sus faldas norteñas. Sin embargo, a partir del siglo XVII, empezó a utilizarse la denominación actual se cree debido a la abundancia de arbustos espinosos en sus laderas. Del volcán de las “púas” derivaría por deformación el nombre de Poás.

Fue llegar, y las nubes se abrieron dando paso a un cráter despejado y enorme

con su laguna hirviente en el centro

Datos y curiosidades sobre el volcán Poás:

  • El cráter principal es uno de los más grandes de la Tierra: mide 1,32 kilómetros de diámetro y tiene unos 300 metros de profundidad. 
  • Ostenta el récord de poseer uno de los cráteres tipo géiser más grandes del mundo: en sus periodos de alta actividad, expulsa columnas de lodo y agua ácida a alturas colosales, llegando a alcanzar alturas de más de 10 km.
  • En el fondo del cráter activo descansa una laguna de color verde esmeralda. Su nivel de acidez es extremo, con un pH cercano a cero, lo que la hace altamente tóxica para cualquier forma de vida.
  • Debido a las constantes lluvias ácidas y gases sulfurosos que emanan de las fumarolas, la vegetación circundante ha mutado. Los árboles crecen con tamaños reducidos, similares a bonsáis naturales, creando un paisaje de extraño aspecto, como de otro mundo. 
  • A unos cientos de metros del infierno de azufre se encuentra la Laguna Botos, un cráter extinto ocupado por una laguna de agua fría y cristalina, rodeada de un denso y pacífico bosque nuboso. 
  • Con más de 40 erupciones registradas desde el año 1828, el Volcán Poás sigue respirando constantemente, recordándonos el inmenso y vivo poder de la Tierra.
  • Especialmente recordada es la erupción de 1910: el 25 de enero de 1910 el agua de la laguna interior entró en contacto directo con magmas profundos, desatando una colosal erupción freatomagmática. La explosión generó una gigantesca columna de gases, vapor y ceniza que alcanzó una altura de entre 8.000 y 12.000 metros sobre la cumbre del volcán. La nube eruptiva fue tan inmensa que se vio con total claridad y asombro desde el centro de San José y gran parte del Gran Área Metropolitana. El coloso expulsó de golpe unas 640.000 toneladas de material, incluyendo cenizas, lodo hirviente y proyectiles balísticos (piedras gigantes).
  • La última actividad eruptiva significativa del Volcán Poás se ha registrado a finales de abril de este mismo año: Los días 27 y 28 de abril, el Observatorio Vulcanológico de Costa Rica constató erupciones de tipo freático con pulsos explosivos. Estas levantaron columnas de material y sedimentos oscuros que alcanzaron hasta 1.000 metros de altura sobre el cráter. Unas semanas antes se documentó un inusual colapso en la pared interna del cráter. Este evento provocó una liberación repentina de gases acumulados, ceniza, y levantó el nivel de la laguna ácida unos tres metros, abriendo a su vez un nuevo campo de fumarolas. Estas manifestaciones volcánicas hicieron que se cerrara el acceso al Poás. De haber ido tres semanas más tarde, no habríamos podido subir.


El bosque nuboso en los alrededores del volcán

Panorámica de la laguna Botos

con ese color azul verdoso casi imposible

El volcán Poás y la leyenda de Rualdo
En la cima donde el mundo se rompe en fuego, el coloso de piedra despertaba con un rugido de siglos. El cielo se vistió de ceniza y la tierra, temblando en su lecho de basalto, exigía una ofrenda de carne y juventud para calmar su entraña ardiente. Hacia el abismo fue conducida la doncella, una niña huérfana de manos de trigo, cuyos ojos reflejaban la última luz de una selva condenada a morir bajo ríos de lava.
Pero el amor tiene alas, y el dolor, una melodía inmensa.
Desde la copa de un roble milenario, el Rey Rualdo contempló el destino de su amiga. Él no tenía entonces el manto de esmeralda que hoy presume; era un ave de plumaje pálido, gris como la niebla de la tarde, pero Dios le había otorgado el tesoro más sagrado de la montaña: una voz capaz de conmover a las estrellas. Con el pecho henchido de coraje, el pequeño habitante del bosque voló hacia la boca misma del monstruo, desafiando las ráfagas de azufre que ya quemaban sus alas.
Se posó en el borde del precipicio y, ante el rugido del monstruo, opuso la fragilidad de su canto.
Fue un trino de una belleza desgarradora, una corriente de notas puras que flotó sobre el mar de fuego. El ave cantó a la vida, al verde de los árboles, al rocío de la mañana y a los ojos de la doncella. En cada nota, el Rualdo ofrecía un pacto supremo: "Toma mi voz, gigante de piedra; quédate con mi canto para siempre, pero devuélvele el aliento a la que amo".
El volcán, conmovido por aquel milagro de música y lealtad, detuvo su aliento de fuego. Un silencio sagrado cayó sobre la cordillera. El coloso sintió un frío de siglos transformarse en ternura y, por primera vez en su existencia, rompió a llorar. Las lágrimas del monstruo, densas, tibias y místicas, brotaron a borbotones, inundando el fondo del cráter ardiente hasta sepultar la lava bajo un manto de aguas verdes e impenetrables.
La doncella se salvó, pero el milagro exigió su tributo de luz y silencio.
El calor de los vapores secó para siempre la garganta del ave, dejándola muda en el bosque para el resto de los tiempos. Sin embargo, el resplandor de la tierra ardiente, agradecido por su valentía, tiñó sus plumas con los colores del fuego y de la selva: un traje de verdes brillantes, oros encendidos y destellos celestes. Desde entonces, el Rualdo habita los bosques nubosos de Poás en absoluto silencio, vistiendo en sus alas la joya que le robó a la muerte, mientras el volcán duerme su sueño de piedra, custodiando su inmensa lágrima de agua.
El rey Rualdo, o simplemente rualdo, el ave de la leyenda, es este colorido pájaro de nombre científico Chlorophonia callophrys.
              A este pájaro de leyenda no le vimos las plumas  (Foto sacada de Internet)

Monochaetum vulcanicum - Flor de volcanes, un endemismo de las cordilleras volcánicas de Costa Rica

Gunnera insignis - Paraguas de pobre

Centropogon gutierrezii - Flor del colibrí

Ulex europaeus - Retamo espinoso, la planta que terminaría por darle nombre al volcán



Para evitarnos problemas con el tráfico y ya que de vuelta pasábamos muy cerca, acordamos que nos dejarían en el aeropuerto Juan Santamaría sin tener que volver al hotel.
Y llegamos con tiempo suficiente ¡y sin atascos! ¡milagro! 
Nos sobró tiempo para hacer cola en la facturación, comer tranquilamente, pasear por sus instalaciones y fotografiar esta enorme rana de ojos rojos, todo un símbolo de Costa Rica.


Viaje tranquilo y más o menos, a la hora prevista, aterrizaje en Madrid.

De vuelta en casa y pasados ya algunos meses, muchos son los recuerdos inolvidables de este viaje que nos siguen visitando, de este país, de sus paisajes, su naturaleza y sus gentes, pero si con algo me quedo, por nimio y tonto que parezca, es con el vuelo nocturno de decenas de luciérnagas en los canales de Tortuguero, cuando mis ojos de viejo volvieron a sentir con corazón de niño.