El hecho de encontrarse a bastante altitud, hace que que el clima aquí sea fresco, sobre todo por las mañanas y al anochecer, lo que se agradece después de las altas temperaturas del Rincón de la Vieja.
La buseta turística entrando en una calle de Sta. Elena, donde se encuentra nuestro hotel
El espeso bosque por encima de las casas
Después de registrarnos en el hotel, y "tomar posesión" de nuestra habitación para los próximos dos días, nos vamos a dar una vuelta por el pueblo para situarnos y localizar un sitio donde comer. Al final nos sentamos en un local tradicional llamado "Los Amigos" donde damos cuenta de un ceviche y de arroz a un precio bastante razonable.
Con la tarde libre, decidimos acercarnos a ver un jardín de orquídeas y un ranario que hay en la localidad, ambos de pago y ambos caros, muy caros. Por comparar, el orquidario de Estepona, que no tiene nada envidiarle, cuesta 3 €, mientras que este, al cambio, nos costó a cada uno unos 19 €.
Jardín de Orquídeas
El Jardín de Orquídeas de Monteverde es un recinto que alberga una colección de más de 450 especies nativas de Costa Rica y algunas otras de otros lugares del mundo, recreando su hábitat natural. Durante cualquier día del año, podemos contemplar un promedio de unas 120 especies en flor, lo que garantiza echar un buen rato para los que somos amantes de las plantas y de las orquídeas en particular.El principal atractivo de este jardín es su asombrosa exhibición de orquídeas miniatura, las cuales representan la gran mayoría de las especies silvestres del país. Para apreciar sus detalles, con la entrada nos dan unas lupas de aumento, que la verdad, no usamos mucho.
Entre sus mayores tesoros botánicos se encuentra la Platystele jungermannioides, una de las orquídeas más pequeñas del mundo, cuyas flores miden menos de tres milímetros.
Como curiosidad decir que el área de Monteverde posee la mayor diversidad de orquídeas por metro cuadrado en todo el mundo debido a esas condiciones tan particulares que le aporta el bosque nuboso, la altitud y su relativa cercanía al Océano Pacífico.
Cochleanthes discolor
Coelogyne viscosa
Stelis...
Orquídea minuatura: sus flores apenas miden unos milímetros, y la planta, que la tienen sobre un trocito de corcho, no alcanzará los tres centímetros.
Phragmipedium longifolium
Pholidota chinensis - orquídea serpiente de cascabel
Encyclia cordigera
Dendrochilum
Vanda tricolor
Maxillaria tenuifolia - Orquídea de coco
Guarianthe skinnerii - Guaria morada, la flor nacional de Costa Rica
Epidendrum pseudoepidendrum
Epidendrum anceps
Brassia arcuigera - Orquídea araña
Coelogyne lawrenceana
Specklinia spectabilis
Pleurothallis phylocardia
Oncidium sphacellatum - Orquídea lluvia de oro
Coelogyne ochracea
Tras pasar un par de horas en el orquidario, ya anocheciendo, nos vamos hacia el ranario, a escasos diez minutos andando.
Allí, aparte de ranas, exponen una colección de insectos disecados, de esos enmarcados y pinchados con alfileres que me dan pena y grima y me traen recuerdos de juventud, cuando allá por los inicios de los 80, Lole y Manuel cantaban aquello de "... la clavó con alfileres sobre cartulinas negras" y yo, con melena rubia y rebelde, volaba desnortado por la Universidad de Málaga.
Ranario de Monteverde
El Ranario de Monteverde fue el primer espacio de exhibición de anfibios vivos fundado en Costa Rica y hoy es un centro que se dedica a la investigación científica y a proyectos de conservación y recuperación de anfibios para su reintroducción en sus hábitats naturales.
La entrada al recinto, donde se reproducen en condiciones controladas los distintos ecosistemas de cada una de las especies expuestas, te permite hacer el recorrido dos veces en momentos distintos, aunque la visita más popular es la nocturna, ya que es el momento en el que un mayor número de anfibios se muestran activos. Equipados con linternas, encontrar las ranas entre las ramas, pegadas a las hojas verdes o escondidas entre la hojarasca es todo un reto, pero con paciencia, se consigue localizar a la mayoría de ellas.
Rana de cristal
Rana de ojos dorados
Rana arbórea enmascarada
Otra rana arborícola
Rana lechosa
Rana de hoja espléndida
Rana coronada
A la mañana siguiente, antes de que vengan a recogernos para ir al bosque nuboso de Monteverde, muy tempranito como es costumbre aquí, empezamos el día con el rey de los desayunos ticos: el gallo pinto: una contundente montaña de arroz y frijoles, aderezadas con culantro coyote que se sirve con huevos al gusto, plátano maduro frito, queso tierno y natilla, acompañado con un buen café para empezar bien el día.
Y hablando de las cosas del comer, si a media mañana te encuentras con un rústico cartel donde se anuncien pipas frías, no dudes en acercarte y pedir una; de ella no saldrá humo sino la fresca y dulce agua de un coco verde helado al que manos expertas le habrán dado un buen machetazo. Y si no te va el coco, bien puedes pedir otras frutas: piña, mango, bananas, sandía, el ácido cas o los mamones chinos, una esfera roja y peluda por fuera y sumamente dulce en su interior.
Llegada la hora del almuerzo, un casado por aquí y otro por allá. Una base de arroz y frijoles (esta vez separados, no revueltos), ensalada de repollo, plátano maduro y la proteína que elijas, que puede ser carne en salsa, filetes de cerdo o ternera, pollo o pescado.
También, de manera más informal, te puedes llevar un gallo a la boca que, como el del desayuno, tampoco tiene plumas ni es un pescado. Se trata de una tortita de maíz a la que le puedes añadir chayotes, papas, carne o chicharrones crujientes, olvidándote del colesterol por un rato.
¿Y si te apetece algo dulce? Si nos vamos a lo tradicional, puedes elegir unas rosquillas de maíz, tostadas, saladitas y crujientes para mojarlas en el café o, si buscas algo más contundente, recurrir a la tanela, una especie de torta de maíz, queso y natilla a la que se le añade dulce de tapa -panela- horneada, a ser posible, en horno de leña.
Con el estómago lleno, nos vamos para el Bosque Nuboso de Monteverde, en el límite casi de la provincia de Alajuela pero a escasos veinte minutos en coche.
Reserva Bosque nuboso de Monteverde
El bosque nuboso, ubicado en la Sierra de Tilarán, es uno de los santuarios de biodiversidad más famosos y frágiles de Costa Rica. A diferencia de las selvas tradicionales, este ecosistema se caracteriza por una densa capa de neblina casi permanente. Esta niebla se forma cuando los vientos alisios del Caribe chocan contra las altas montañas, enfriándose y condensándose a medida que ascienden. El resultado es un ambiente de perpetua humedad donde la luz se filtra de manera tenue. En esta selva, los árboles están cubiertos de plantas epífitas, como orquídeas, bromelias, musgos y helechos, que absorben el agua directamente del aire neblinoso. Solo aquí, existen más de 2.500 especies de plantas, incluyendo la mayor concentración de orquídeas del mundo en un solo lugar. Además, es un refugio vital para la fauna, sirviendo de hogar al majestuoso quetzal, al esquivo jaguar y a cientos de especies de anfibios y reptiles difíciles de ver en otros rincones de nuestro planeta.
Sin embargo, un enemigo silencioso acecha: el cambio climático amenaza la supervivencia de este lugar único ya que el aumento de las temperaturas globales está elevando la altura de las nubes y el número de días en las que estas aparecen, alterando el equilibrio hídrico que mantiene vivo a este ecosistema único. Cuando hace años, el número de días soleados, en los que no había niebla en el bosque, era alrededor de unos treinta, en la actualidad se vienen superando los cien.
El bosque, desde la entrada a la reserva
donde hay lo que llaman "un jardín de colibríes", un lugar junto a la tienda de recuerdos y a un pequeño bar en el que han colgado unos comederos con jugos azucarados a los colibríes acuden sin miedo ninguno a los visitantes. Un lugar para verlos a escasos metros pero poco natural, pero en el que se puede echar un buen rato y disfrutar con sus vuelos y sus colores imposibles.
Heliodoxa jacula - Colibrí brillante frentiverde
Eugenes spectabilis - Colibrí de Talamanca, una especie endémica de Costa Rica
Heliodoxa jacula - Colibrí brillante frentiverde
Campylopterus hemileucurus - Colibrí morado o ala de sable violáceo
Tres en el bebedero. De izquierda a derecha, orejivioláceo, insigne y brillante frentiverde
Colibrí morado con su característico pico curvado. Este colibrí es el más grande de Centroamérica, alcanzando el tamaño de un gorrión.
Philodice bryantae - Colibrí magenta
Este colibrí, mucho más pequeño que los anteriores, no se posa para comer. Se mantiene en vuelo como los abejorros, con la cola levantada, moviéndose bruscamente de un lugar a otro.
Datos y curiosidades sobre los colibríes
- Estas aves son exclusivas de América. No existen de manera natural en otros lugares del mundo.
- Son acróbatas aéreos únicos: pueden volar hacia atrás, de lado, hacia abajo... o incluso mantenerse suspendidas en el aire en un punto fijo.
- Su corazón puede latir hasta 1.200 veces por minuto y sus alas baten entre 50 y 90 veces por segundo.
- Tienen un metabolismo tan acelerado que necesitan consumir diariamente el doble o triple de su peso corporal en néctar y pequeños insectos.
- Tienen el cerebro más grande en relación a su tamaño de todas las aves.
- Para no morir de hambre durante las noches debido a su alto gasto energético, entran en un estado llamado "torpor" donde bajan su temperatura y reducen sus latidos a solo 30 por minuto.
- Diferencias de tamaño: el colibrí más pequeño, el zunzuncito, apenas mide 6 cm, poco más grande que un abejorro, mientras que el colibrí gigante puede alcanzar los 24 cm, casi como un mirlo.
- En Costa Rica, existen 54 especies de colibríes de las más de 350 que hay en el mundo, 26 "solo" en el bosque nuboso de Monteverde. Colombia es el país donde más especies distintas se pueden observar, alrededor de 165.
- Solo en el bosque nuboso de Monteverde
- Todas las especies de colibríes de Costa Rica son residentes excepto una, el colibrí garganta de rubí, que migra desde Canadá para huir de los fríos invernales del país norteamericano.
Imágenes del bosque nuboso, hoy sin la niebla que suele ser habitual:
Estos bosques nubosos se forman a partir de los 1.500 metros de altitud, donde una fina lluvia producto de la condensación de la niebla cae de manera casi constante. A este chirimiri aquí le llaman con el curioso nombre de pelo de gato.
Umbonia spinosa - Insecto espina, un ejemplo casi perfecto de mimetismo para pasar desapercibido en esta jungla donde presa y cazador cambian de papel en un abrir y cerrar de ojos.
Gonolobus edulis - Cuayote
Drymonia conchocalyx
El arreglado camino entre la tupida vegetación y la simpática pareja de mayores ingleses que nos acompañó en esta salida
Razisea spicata -Pavoncillo rojo
Las ramas de un árbol cubiertas de musgo y líquenes
helechos en el suelo y helechos en los árboles
En el sendero
¿Qué habrá allí arriba?
El quetzal que suena pero no se ve y un árbol lleno de orquídeas y bromelias
Las raíces y lianas que envuelven los troncos
Besleria triflora
Río Cocha
Solo falta la niebla que no aparece, como el quetzal, a pesar del empeño que le pone el guía
Mitrephanes phaeocercus - Mosquerito moñudo
Nido de colibrí
Oncidium polycladium - Lluvia de oro
Epidendrum pumilum
Anolis tropidolepis - Anolis del bosque nuboso, un pequeño lagarto común en estos bosques que tiene su cuerpo moteado para mimetizarse entre las ramas y el follaje.
El bosque a la salida, apenas unos retazos de nubes en el cielo azul
Por la tarde, después de almorzar en el Rte. Jiménez, algo más caro que "Los Amigos" pero también recomendable, nos llevan hasta Selva Natura Park, en el bosque nuboso de Sta. Elena. En un recorrido de apenas ocho kilómetros desde el hotel, por calles y carriles en acusada pendiente y con pronunciadas curvas, hemos pasado de Puntarenas a Guanacaste y es que Monteverde se encuentra justo donde se unen tres de las siete provincias de Costa Rica: Puntarenas, Guanacaste y Alajuela.
Reserva Bosque Nuboso de Santa Elena
Este lugar es de los más conocidos de Costa Rica, especialmente por tener una de las tirolinas más largas del mundo, un total de 13 cables con un recorrido de 4 km, en los que hay un tramo de un kilómetro que sobrevuela el bosque a más de 150 metros de altura.
Nosotros, más de tener los pies en tierra y ver los árboles pasar a cámara lenta, nos decantamos por hacer la ruta de los puentes colgantes: una ruta circular de poco más de tres kilómetros en las que hay que cruzar ocho puentes colgantes, el mayor de 170 metros de longitud y a 60 metros del suelo, que te permiten contemplar esa vida vegetal y animal que en la selva se esconde de los ojos humanos en las copas de los árboles más altos.
El primero de los puentes
Columnea microphylla, una especie nativa de los bosques húmedos de Costa Rica
Spathiphyllum - Calita en Costa Rica, bandera blanca aquí. Me resultó curioso encontrar esta planta tan común en los hogares españoles en su hábitat natural
Cruzando otro de los puentes, este con las copas de los árboles a nuestra altura
Un nuevo puente
Nubes que vienen y hoy se van
Un tramo de sendero en tierra
Enormes árboles jalonan el camino
donde todo es verde
o casi todo, Psammisia ramiflora - Colmillos
El puente colgante más largo
desde el que contemplar el bosque desde la cima de los árboles
Un nuevo puente no apto para aquellos que sufren con las alturas
Cecropia obtusifolia - Guarumo
Bromelias que conquistan las ramas más altas
Miconia durandii
Un grupo de personas mira hacia arriba, entre los árboles. Algo hay. La suerte nos sonríe. Un macho de quetzal resplandeciente asoma entre las ramas, mostrando sus colores imposibles
Pharomachrus mocinno - Quetzal resplandeciente
Macho de quetzal, con sus largas plumas cobertoras de más de un metro de largo. Animal sagrado para los mayas, sus plumas se consideraban más valiosas que el oro y estaban estrictamente reservadas para los tocados de la realeza y de los más altos líderes religiosos.
Los quetzales empiezan a construir sus nidos en marzo, normalmente en un agujero en el tronco de algún árbol muerto. Con anterioridad, la hembra a escogido al macho de plumas más largas entre tres o cuatro candidatos. Emparejados, comienzan la construcción del nido conyugal, trabajo laborioso en el que van sacando la madera muerta. Tan arduo trabajo da hambre, así que tras una media hora, suele salir a buscar comida. ¿Y que comen? Principalmente aguacatillos, el fruto de un árbol del bosque nuboso, complementando su dieta vegetal con algunas proteínas: pequeños lagartos, insectos, larvas...
Construido el nido, la hembra pone normalmente un solo huevo que incuban alternativamente. Si por esas cosas que tiene la otra cara de la vida que es la muerte, un tucancillo verde o alguna serpiente se come el huevo o el polluelo, la hembra suele hacer una segunda puesta. A veces, si la cosa de la crianza va bien y el primer quetzalito sale adelante, se atreven con un segundo, por lo que pueden criar dos polluelos al año.
Tras cuatro meses de labores paternas y maternas, los quetzales abandonan el nido, agotados, literalmente dejándose las plumas en el esfuerzo y desaparecen en el espesor de la niebla hasta la próxima temporada de cortejo, emparejamiento y cría. Año nuevo, marido nuevo... y resplandeciente.
Helecho arbóreo
Palicourea elata - Labios de novia o flor del beso
Por cierto, estos vegetales morros rojos tan sugerentes me traen a la memoria una de las costumbres o usos costarricenses que más me sorprendió: están muy mal vistas las manifestaciones amorosas en público. Nada de besos apasionados ni abrazos efusivos en la calle, y el nudismo, por supuesto, no se contempla, ni siquiera dejar los pechos al sol en las playas. Y cambiando la cálida arena por la fría tierra, en los cementerios, nada de nichos; todos bien tumbaditos y en viviendas unifamiliares.
Aquí otra flor del beso pero con las verdaderas flores surgiendo de esas brácteas que semejan encendidos labios

Junto a un árbol en el que raíces aéreas y tronco han formado un todo que le permiten anclarse al suelo y soportar intensas lluvias y devastadores huracanes.
Un filodendro que escala por el tronco de un viejo árbol
Algunas plantas de las calles y caminos de Monteverde
No todo en Monteverde son bosques de abigarrada vegetación. También en sus calles, junto a sus escasas aceras, esas florecillas olvidadas que bien merecen una foto... o dos.
Erigeron...
Lobelia laxiflora - Caragallo
Fuchsia magellanica - Bailarinas
Emilia fosbergii - Clavelillo
Asclepias curasavica - Algodoncillo
Guzmania conifera
Seemannia sylvatica - Gloxinia selvática
Piper aduncum - Cordoncillo
Cyrtocymura scorpioides - Hierba de San Simón
Y si algo tienen las redes sociales e internet, es su capacidad de convocatoria y de hacer que algo normal pueda pasar por sobresaliente: ¡atardeceres espectaculares en Monteverde!
Y allá que vamos, como borreg@s, todos y todas al lugar indicado, mirando el horizonte y el sol que poco a poco se esconde, como en tantos otros lugares, como todos los días, como siempre.
Nos sirvió, eso sí, para hacer un poco de ejercicio, pues ese "lugar desde donde ver una increíble puesta de sol" estaba a unos tres kilómetros de nuestro hotel.
Desde Monteverde, un atardecer neblinoso en el Golfo de Nicoya
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