miércoles, 3 de junio de 2026

Costa Rica VII: Monteverde, el bosque nuboso

 Mapa inicio


"Monteverde no es solo un punto en el mapa; es un estado del tiempo. En sus alturas, el viento del Atlántico choca contra la cordillera y se desarma en una neblina perpetua, una gasa blanca que lo envuelve todo, borrando las fronteras entre la tierra y el cielo. Los árboles de la montaña, cubiertos de musgo y cargados de bromelias, parecen ancianos encorvados custodiando un secreto milenario. Aquí, la naturaleza impone su propio silencio, un silencio que solo rompe el goteo constante del bosque nuboso o el canto lejano de algún ave oculta en la espesura. Caminar por sus senderos es aprender a descifrar las sombras, a avanzar a ciegas con la certeza de que el bosque te observa, vivo y vibrante, detrás de cada cortina de bruma."

Huanelge Gutiérrez: "A mano armada: masacre en Monteverde"


Dos guacamayos o lapas aparecen volando mientras hacemos una pequeña parada en El Limonal, en el trayecto desde el Rincón de la Vieja a Monteverde.

Monteverde es un municipio de la provincia costera de Puntarenas pero que se encuentra a más de 1.300 metros de altitud, en la Cordillera de Tilarán. Su núcleo principal, donde se concentran los edificios administrativos, escuelas, el comercio y los restaurantes es la zona conocida como Sta. Elena. Dispersas por las montañas, entre la espesa vegetación, se encuentran numerosas casas y hoteles, comunicados por un dédalo de calles y carriles por los que es fácil perderse si no se conoce el terreno.
El hecho de encontrarse a bastante altitud, hace que que el clima aquí sea fresco, sobre todo por las mañanas y al anochecer, lo que se agradece después de las altas temperaturas del Rincón de la Vieja.

La buseta turística entrando en una calle de Sta. Elena, donde se encuentra nuestro hotel

El espeso bosque por encima de las casas

Después de registrarnos en el hotel, y "tomar posesión" de nuestra habitación para los próximos dos días, nos vamos a dar una vuelta por el pueblo para situarnos y localizar un sitio donde comer. Al final nos sentamos en un local tradicional llamado "Los Amigos" donde damos cuenta de un ceviche y de arroz a un precio bastante razonable.

Con la tarde libre, decidimos acercarnos a ver un jardín de orquídeas y un ranario que hay en la localidad, ambos de pago y ambos caros, muy caros. Por comparar, el orquidario de Estepona, que no tiene nada envidiarle, cuesta 3 €, mientras que este, al cambio, nos costó a cada uno unos 19 €.

Jardín de Orquídeas

El Jardín de Orquídeas de Monteverde es un recinto que alberga una colección de más de 450 especies nativas de Costa Rica y algunas otras de otros lugares del mundo, recreando su hábitat natural. Durante cualquier día del año, podemos contemplar un promedio de unas 120 especies en flor, lo que garantiza echar un buen rato para los que somos amantes  de las plantas y de las orquídeas en particular.
El principal atractivo de este jardín es su asombrosa exhibición de orquídeas miniatura, las cuales representan la gran mayoría de las especies silvestres del país. Para apreciar sus detalles, con la entrada nos dan unas lupas de aumento, que la verdad, no usamos mucho.
Entre sus mayores tesoros botánicos se encuentra la Platystele jungermannioides, una de las orquídeas más pequeñas del mundo, cuyas flores miden menos de tres milímetros.
Como curiosidad decir que el área de Monteverde posee la mayor diversidad de orquídeas por metro cuadrado en todo el mundo debido a esas condiciones tan particulares que le aporta el bosque nuboso, la altitud y su relativa cercanía al Océano Pacífico.

Cochleanthes discolor

Coelogyne viscosa

Stelis...

Orquídea minuatura: sus flores apenas miden unos milímetros, y la planta, que la tienen sobre un trocito de corcho, no alcanzará los tres centímetros.

Phragmipedium longifolium

Pholidota chinensis - orquídea serpiente de cascabel

Encyclia cordigera

Dendrochilum

Vanda tricolor

Maxillaria tenuifolia - Orquídea de coco

Guarianthe skinnerii - Guaria morada, la flor nacional de Costa Rica

Epidendrum pseudoepidendrum

Epidendrum anceps

Brassia arcuigera - Orquídea araña



Coelogyne lawrenceana

Specklinia spectabilis

Pleurothallis phylocardia

Oncidium sphacellatum - Orquídea lluvia de oro

Coelogyne ochracea


Tras pasar un par de horas en el orquidario, ya anocheciendo, nos vamos hacia el ranario, a escasos diez minutos andando. 
Allí, aparte de ranas, exponen una colección de insectos disecados, de esos enmarcados y pinchados con alfileres que me dan pena y grima y me traen recuerdos de juventud, cuando allá por los inicios de los 80, Lole y Manuel cantaban aquello de "... la clavó con alfileres sobre cartulinas negras" y yo, con melena rubia y rebelde, volaba desnortado por la Universidad de Málaga.


Ranario de Monteverde

El Ranario de Monteverde fue el primer espacio de exhibición de anfibios vivos fundado en Costa Rica y hoy es un centro que se dedica a la investigación científica y a proyectos de conservación y recuperación de anfibios para su reintroducción en sus hábitats naturales.
La entrada al recinto, donde se reproducen en condiciones controladas los distintos ecosistemas de cada una de las especies expuestas, te permite hacer el recorrido dos veces en momentos distintos, aunque la visita más popular es la nocturna, ya que es el momento en el que un mayor número de anfibios se muestran activos. Equipados con linternas, encontrar las ranas entre las ramas, pegadas a las hojas verdes o escondidas entre la hojarasca es todo un reto, pero con paciencia, se consigue localizar a la mayoría de ellas.

Rana de cristal

Rana de ojos dorados

Rana arbórea enmascarada

Otra rana arborícola

Rana lechosa

Rana de hoja espléndida

Rana coronada


A la mañana siguiente, antes de que vengan a recogernos para ir al bosque nuboso de Monteverde, muy tempranito como es costumbre aquí, empezamos el día con el rey de los desayunos ticos: el gallo pinto: una contundente montaña de arroz y frijoles, aderezadas con culantro coyote que se sirve con huevos al gusto, plátano maduro frito, queso tierno y natilla, acompañado con un buen café para empezar bien el día.
Y hablando de las cosas del comer, si a media mañana te encuentras con un rústico cartel donde se anuncien pipas frías, no dudes en acercarte y pedir una; de ella no saldrá humo sino la fresca y dulce agua de un coco verde helado al que manos expertas le habrán dado un buen machetazo. Y si no te va el coco, bien puedes pedir otras frutas: piña, mango, bananas, sandía, el ácido cas o los mamones chinos, una esfera roja y peluda por fuera y sumamente dulce en su interior.
Llegada la hora del almuerzo, un casado por aquí y otro por allá. Una base de arroz y frijoles (esta vez separados, no revueltos), ensalada de repollo, plátano maduro y la proteína que elijas, que puede ser carne en salsa, filetes de cerdo o ternera, pollo o pescado.
También, de manera más informal, te puedes llevar un gallo a la boca que, como el del desayuno, tampoco tiene plumas ni es un pescado. Se trata de una tortita de maíz a la que le puedes añadir chayotes, papas, carne o chicharrones crujientes, olvidándote del colesterol por un rato.
¿Y si te apetece algo dulce? Si nos vamos a lo tradicional, puedes elegir unas rosquillas de maíz, tostadas, saladitas y crujientes para mojarlas en el café o, si buscas algo más contundente, recurrir a la tanela, una especie de torta de maíz, queso y natilla a la que se le añade dulce de tapa -panela- horneada, a ser posible, en horno de leña.

Con el estómago lleno, nos vamos para el Bosque Nuboso de Monteverde, en el límite casi de la provincia de Alajuela pero a escasos veinte minutos en coche.

Reserva Bosque nuboso de Monteverde

El bosque nuboso, ubicado en la Sierra de Tilarán, es uno de los santuarios de biodiversidad más famosos y frágiles de Costa Rica. A diferencia de las selvas tradicionales, este ecosistema se caracteriza por una densa capa de neblina casi permanente. Esta niebla se forma cuando los vientos alisios del Caribe chocan contra las altas montañas, enfriándose y condensándose a medida que ascienden. El resultado es un ambiente de perpetua humedad donde la luz se filtra de manera tenue. En esta selva, los árboles están cubiertos de plantas epífitas, como orquídeas, bromelias, musgos y helechos, que absorben el agua directamente del aire neblinoso. Solo aquí, existen más de 2.500 especies de plantas, incluyendo la mayor concentración de orquídeas del mundo en un solo lugar. Además, es un refugio vital para la fauna, sirviendo de hogar al majestuoso quetzal, al esquivo jaguar y a cientos de especies de anfibios y reptiles difíciles de ver  en otros rincones de nuestro planeta.
Sin embargo, un enemigo silencioso acecha: el cambio climático amenaza la supervivencia de este lugar único ya que el aumento de las temperaturas globales está elevando la altura de las nubes y el número de días en las que estas aparecen, alterando el equilibrio hídrico que mantiene vivo a este ecosistema único. Cuando hace años, el número de días soleados, en los que no había niebla en el bosque, era alrededor de unos treinta, en la actualidad se vienen superando los cien.

El bosque, desde la entrada a la reserva

donde hay lo que llaman "un jardín de colibríes", un lugar junto a la tienda de recuerdos y a un pequeño bar en el que han colgado unos comederos con jugos azucarados a los colibríes acuden sin miedo ninguno a los visitantes. 
Un lugar para verlos a escasos metros pero poco natural, pero en el que se puede echar un buen rato y disfrutar con sus vuelos y sus colores imposibles.

Heliodoxa jacula - Colibrí brillante frentiverde

Eugenes spectabilis - Colibrí de Talamanca, una especie endémica de Costa Rica

Heliodoxa jacula - Colibrí brillante frentiverde

Campylopterus hemileucurus - Colibrí morado o ala de sable violáceo

Tres en el bebedero. De izquierda a derecha, orejivioláceo, insigne y brillante frentiverde

Colibrí morado con su característico pico curvado.  Este colibrí es el más grande de Centroamérica, alcanzando el tamaño de un gorrión.

Philodice bryantae - Colibrí magenta 
Este colibrí, mucho más pequeño que los anteriores, no se posa para comer. Se mantiene en vuelo como los abejorros, con la cola levantada, moviéndose bruscamente de un lugar a otro.   

Datos y curiosidades sobre los colibríes

  • Estas aves son exclusivas de América. No existen de manera natural en otros lugares del mundo.
  • Son acróbatas aéreos únicos: pueden volar hacia atrás, de lado, hacia abajo... o incluso mantenerse suspendidas en el aire en un punto fijo.
  • Su corazón puede latir hasta 1.200 veces por minuto y sus alas baten entre 50 y 90 veces por segundo.
  • Tienen un metabolismo tan acelerado que necesitan consumir diariamente el doble o triple de su peso corporal en néctar y pequeños insectos.
  • Tienen el cerebro más grande en relación a su tamaño de todas las aves.
  • Para no morir de hambre durante las noches debido a su alto gasto energético, entran en un estado llamado "torpor" donde bajan su temperatura y reducen sus latidos a solo 30 por minuto.
  • Diferencias de tamaño: el colibrí más pequeño, el zunzuncito, apenas mide 6 cm, poco más grande que un abejorro,  mientras que el colibrí gigante puede alcanzar los 24 cm, casi como un mirlo.
  • En Costa Rica, existen 54 especies de colibríes de las más de 350 que hay en el mundo, 26 "solo" en el bosque nuboso de Monteverde. Colombia es el país donde más especies distintas se pueden observar, alrededor de 165.
  • Solo en el bosque nuboso de Monteverde 
  • Todas las especies de colibríes de Costa Rica son residentes excepto una, el colibrí garganta de rubí, que migra desde Canadá para huir de los fríos invernales del país norteamericano.

Imágenes del bosque nuboso, hoy sin la niebla que suele ser habitual:



Estos bosques nubosos se forman a partir de los 1.500 metros de altitud, donde una fina lluvia producto de la condensación de la niebla cae de manera casi constante. A este chirimiri aquí le llaman con el curioso nombre de pelo de gato. 

 Umbonia spinosa - Insecto espina, un ejemplo casi perfecto de mimetismo para pasar desapercibido en esta jungla donde presa y cazador cambian de papel en un abrir y cerrar de ojos.
 
Gonolobus edulis - Cuayote

Drymonia conchocalyx 

El arreglado camino entre la tupida vegetación y la simpática pareja de mayores ingleses que nos acompañó en esta salida

Razisea spicata -Pavoncillo rojo

Las ramas de un árbol cubiertas de musgo y líquenes

helechos en el suelo y helechos en los árboles

En el sendero

¿Qué habrá allí arriba?

El quetzal que suena pero no se ve y un árbol lleno de orquídeas y bromelias


Las raíces y lianas que envuelven los troncos

Besleria triflora

Río Cocha

Solo falta la niebla que no aparece, como el quetzal, a pesar del empeño que le pone el guía

Mitrephanes phaeocercus - Mosquerito moñudo


Nido de colibrí

Oncidium polycladium - Lluvia de oro

Epidendrum pumilum  

Anolis tropidolepis - Anolis del bosque nuboso, un pequeño lagarto común en estos bosques que tiene su cuerpo moteado para mimetizarse entre las ramas y el follaje.

El bosque a la salida, apenas unos retazos de nubes en el cielo azul


Por la tarde, después de almorzar en el Rte. Jiménez, algo más caro que "Los Amigos" pero también recomendable, nos llevan hasta Selva Natura Park, en el bosque nuboso de Sta. Elena. En un recorrido de apenas ocho kilómetros desde el hotel, por calles y carriles en acusada pendiente y con pronunciadas curvas, hemos pasado de Puntarenas a Guanacaste y es que Monteverde se encuentra justo donde se unen tres de las siete provincias de Costa Rica: Puntarenas, Guanacaste y Alajuela.

Reserva Bosque Nuboso de Santa Elena

Este lugar es de los más conocidos de Costa Rica, especialmente por tener una de las tirolinas más largas del mundo, un total de 13 cables con un recorrido de 4 km, en los que hay un tramo de un kilómetro que sobrevuela el bosque a más de 150 metros de altura.
Nosotros, más de tener los pies en tierra y ver los árboles pasar a cámara lenta, nos decantamos por hacer la ruta de los puentes colgantes: una ruta circular de poco más de tres kilómetros en las que hay que cruzar ocho puentes colgantes, el mayor de 170 metros de longitud y a 60 metros del suelo, que te permiten contemplar esa vida vegetal y animal que en la selva se esconde de los ojos humanos en las copas de los árboles más altos.

 El primero de los puentes

Columnea microphylla, una especie nativa de los bosques húmedos de Costa Rica

Spathiphyllum - Calita en Costa Rica, bandera blanca aquí. Me resultó curioso encontrar esta planta tan común en los hogares españoles en su hábitat natural

Cruzando otro de los puentes, este con las copas de los árboles a nuestra altura


Un nuevo puente

Nubes que vienen y hoy se van

Un tramo de sendero en tierra

Enormes árboles jalonan el camino

donde todo es verde

o casi todo, Psammisia ramiflora - Colmillos 

El puente colgante más largo

desde el que contemplar el bosque desde la cima de los árboles

Un nuevo puente no apto para aquellos que sufren con las alturas

Cecropia obtusifolia - Guarumo 

Bromelias que conquistan las ramas más altas

Miconia durandii

Un grupo de personas mira hacia arriba, entre los árboles. Algo hay. La suerte nos sonríe. Un  macho de quetzal resplandeciente asoma entre las ramas, mostrando sus colores imposibles

Pharomachrus mocinno - Quetzal resplandeciente

Macho de quetzal, con sus largas plumas cobertoras de más de un metro de largo. Animal sagrado para los mayas, sus plumas se consideraban más valiosas que el oro y estaban estrictamente reservadas para los tocados de la realeza y de los más altos líderes religiosos.

Los quetzales empiezan a construir sus nidos en marzo, normalmente en un agujero en el tronco de algún árbol muerto. Con anterioridad, la hembra a escogido al macho de plumas más largas entre tres o cuatro candidatos. Emparejados, comienzan la construcción del nido conyugal, trabajo laborioso en el que van sacando la madera muerta. Tan arduo trabajo da hambre, así que tras una media hora, suele salir a buscar comida. ¿Y que comen? Principalmente aguacatillos, el fruto de un árbol del bosque nuboso, complementando su dieta vegetal con algunas proteínas: pequeños lagartos, insectos, larvas...
Construido el nido, la hembra pone normalmente un solo huevo que incuban alternativamente. Si por esas cosas que tiene la otra cara de la vida que es la muerte, un tucancillo verde o alguna serpiente se come el huevo o el polluelo, la hembra suele hacer una segunda puesta. A veces, si la cosa de la crianza va bien y el primer quetzalito sale adelante, se atreven con un segundo, por lo que pueden criar dos polluelos al año. 
Tras cuatro meses de labores paternas y maternas, los quetzales abandonan el nido, agotados, literalmente dejándose las plumas en el esfuerzo y desaparecen en el espesor de la niebla hasta la próxima temporada de cortejo, emparejamiento y cría. Año nuevo, marido nuevo... y resplandeciente.

Helecho arbóreo


Palicourea elata - Labios de novia o flor del beso

Por cierto, estos vegetales morros rojos tan sugerentes me traen a la memoria una de las costumbres o usos costarricenses que más me sorprendió: están muy mal vistas las manifestaciones amorosas en público. Nada de besos apasionados ni abrazos efusivos en la calle, y el nudismo, por supuesto, no se contempla, ni siquiera dejar los pechos al sol en las playas. Y cambiando la cálida arena por la fría tierra, en los cementerios, nada de nichos; todos bien tumbaditos y en viviendas unifamiliares.

Aquí otra flor del beso pero con las verdaderas flores surgiendo de esas brácteas que semejan encendidos labios


Junto a un árbol en el que raíces aéreas y tronco han formado un todo que le permiten anclarse al suelo y soportar intensas lluvias y devastadores huracanes.

Un filodendro que escala por el tronco de un viejo árbol


Algunas plantas de las calles y caminos de Monteverde 

No todo en Monteverde son bosques de abigarrada vegetación. También en sus calles, junto a sus escasas aceras, esas florecillas olvidadas que bien merecen una foto... o dos.

Erigeron...

Lobelia laxiflora - Caragallo

Fuchsia magellanica - Bailarinas

Emilia fosbergii - Clavelillo

Asclepias curasavica - Algodoncillo

Guzmania conifera

Seemannia sylvatica - Gloxinia selvática   

Piper aduncum - Cordoncillo

Cyrtocymura scorpioides - Hierba de San Simón

Y si algo tienen las redes sociales e internet, es su capacidad de convocatoria y de hacer que algo normal pueda pasar por sobresaliente: ¡atardeceres espectaculares en Monteverde!
Y allá que vamos, como borreg@s, todos y todas al lugar indicado, mirando el horizonte y el sol que poco a poco se esconde, como en tantos otros lugares, como todos los días, como siempre. 
Nos sirvió, eso sí, para hacer un poco de ejercicio, pues ese "lugar desde donde ver una increíble puesta de sol" estaba a unos tres kilómetros de nuestro hotel.

Desde Monteverde, un atardecer neblinoso en el Golfo de Nicoya

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