El Balneario de Baños de Panticosa, situado a 1.636 metros de altitud,
cuenta con un legado que se remonta a la época del Imperio Romano. Los
hallazgos de monedas del siglo I en el manantial de Tiberio atestiguan que sus
aguas mineromedicinales ya eran apreciadas por sus propiedades curativas desde
la antigüedad. Tras siglos de relativo olvido durante la Edad Media, el enclave
fue redescubierto a finales del siglo XVII, cuando el Quiñón de Panticosa
promovió la edificación de la primera Casa de Baños en 1693. El hallazgo
posterior de nuevas fuentes medicinales a lo largo del siglo XVIII terminó por
asentar el interés popular y médico por este lugar.
La verdadera época dorada de
la villa termal se desató durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo
XX. Tras la expropiación real de Fernando VII en 1826, la gestión privada dotó
al complejo de una fisonomía majestuosa de influencia arquitectónica francesa,
convirtiéndolo en uno de los destinos predilectos de la alta burguesía y la
realeza española. A pesar de catástrofes naturales severas como el gran alud de
1915, que sepultó varios edificios, el complejo se reconstruyó, llegando a
albergar lujosos hoteles, un imponente casino, comercios y villas.
La decadencia de la moda del
turismo de aguas, sumada a los estragos de la Guerra Civil y a posteriores
dificultades financieras, empañó progresivamente el esplendor del recinto.
Aunque fue declarado Centro de Interés Turístico Nacional en 1966, el Balneario
de Panticosa se vio abocado a un cierre provisional en 1979 que congeló su
actividad durante décadas. Las lujosas fachadas decimonónicas quedaron como
mudos testigos de un pasado glorioso, esperando un proyecto que lograra
rescatar el valor de sus aguas hipertermales.
En la actualidad, el presente
del Balneario de Panticosa se define por una profunda renovación arquitectónica
y turística ejecutada a comienzos del siglo XXI. Bajo el diseño de arquitectos
de renombre internacional como Rafael Moneo y Álvaro de Siza, el espacio fue
reconvertido en un resort de montaña moderno que intenta conjugar el
vanguardismo con la preservación histórica, no sin una elevada dosis de
polémica pues muchos piensan que esas construcciones tan modernas no casan con
el lugar, con el estilo de los viejos edificios, amén del abandono que sufren
otras partes del complejo. Mientras edificios emblemáticos como el Gran Hotel y
el Casino han conservado sus fachadas originales, se han levantado estructuras
contemporáneas acristaladas como las Termas
de Tiberio, un espacio de más de 8.500 metros cuadrados donde las aguas
siguen brotando a más de 50 °C.
1. Una vuelta por las cercanías del Portalet y unas orquídeas ya pasadas
Nuestra primera intención era ir a las proximidades de Formigal para ver las orquídeas zapatitos de dama en flor. Allí traspusimos mientras terminaban en el hotel de limpiar habitaciones para asignarnos la nuestra.
Al llegar al lugar de las orquídeas, una señora muy amable nos recibió, -llevan años vigilando las flores cuando llega esta época, pues vienen muchas personas y algunas, las pisan, cortan las flores o se llevan los bulbos, especialmente coleccionistas franceses. Nos explicó cómo eran las orquídeas, su singularidad y escasez y muchos datos más, y lo más importante -decepción- su floración estaba pasada desde hacía una semana y las tormentas de los últimos días la habían rematado. De todas formas, hicimos el corto sendero circular para verlas, aunque estuvieran bastante "chuchurrías".
Esta misma señora nos recomendó, ya que teníamos tiempo y nos gustaban las flores, que nos dieramos una vuelta por algunos caminos cerca del Portalet y por las praderas que lo rodean y eso hicimos, ya que la frontera apenas nos quedaba a un par de kilómetros.
Comenzamos la ruta en el mismo puerto del Portalet, justo en la frontera entre España y
Francia, un punto de partida estratégico que ofrece desde el primer momento una
panorámica impresionante del majestuoso Midi d'Ossau. Tras dejar el coche al
lado de los comercios de la frontera, el sendero arranca bordeando las faldas
orientales de las montañas en dirección hacia los antiguos yacimientos mineros
por un antiguo carril.
A medida que avanzamos, el
paisaje revela las bocas de las antiguas minas del Portalet, un rincón cargado
de historia geológica donde antaño se extraían minerales como la fluorita y la
galena. En las inmediaciones de estas viejas explotaciones y sus escombreras,
el terreno se deprime para dar paso a pequeñas lagunas y charcas estacionales
de origen glaciar.
Après avoir exploré la zone
minière, l'itinéraire entame le retour en tournant vers l'ouest pour s'immerger
pleinement dans le spectaculaire cirque
d'Anéou. Le paysage change complètement et se transforme en une immense
prairie verdoyante comme un tapis, sillonnée par un labyrinthe de ruisseaux
d'eau cristalline. Le tintement des sonnailles du bétail —vaches, brebis et
chevaux qui paissent librement pendant l'été— y accompagne chaque pas dans un
cadre plat, ouvert et particulièrement relaxant.
Enfin, le sentier traverse
aisément ces prairies et amorce une très légère montée de retour vers le col du Pourtalet.
Esta es una ruta de
unos cinco kilómetros y medio y unos 250 metros de desnivel que conecta los
pueblos de Panticosa y El Pueyo de Jaca a través de un sendero tradicional y
accesible, y sin necesidad de realizar un gran esfuerzo físico. El itinerario
se puede iniciar en cualquiera de las dos localidades, está perfectamente
señalizado y ofrece una combinación perfecta de bosques frondosos, praderas
verdes y vistas panorámicas espectaculares hacia el embalse de Búbal y la
imponente Peña Telera.
Partiendo desde el
aparcamiento de la estación de esquí de Panticosa, el camino desciende
suavemente en dirección al río Caldarés desde donde podemos ver el Puente
Viejo, una construcción del s.XVI. Al poco, el sendero se adentra en un
frondoso bosque sombrío donde predominan los cajicos (robles autóctonos), los
avellanos y los pinos. Este tramo en descenso es especialmente agradable en los
meses de verano gracias al frescor que aportan la vegetación y la proximidad
del agua, y se transforma en un festival de colores ocres y dorados durante el
otoño.
Al salir del bosque, el
sendero se abre y nos regala una de las mejores panorámicas del recorrido: la
silueta del pueblo de El Pueyo de Jaca próximo a las aguas tranquilas del
embalse de Búbal. Tras una cómoda bajada, se llega a esta acogedora localidad,
un lugar perfecto para hacer una pausa o pasear por sus calles empedradas.
La segunda mitad de la excursión afronta el regreso hacia Panticosa completando el circuito por la vertiente opuesta. Este tramo de vuelta presenta una subida constante pero moderada, conocida tradicionalmente como el Camino de las Palanchas o la acequia de Larrión. A medida que se gana altura entre antiguos muros de piedra que delimitaban los prados de pasto, se obtienen unas vistas inmejorables del estrecho de las Alvias y del cauce del río, culminando el paseo de nuevo en el punto de inicio tras aproximadamente dos horas de caminata.
El eco de Celina
En el corazón del Valle de Tena, justo donde confluyen las aguas de los ríos Gállego y Caldarés frente al Pantano de Búbal, se alza El Pueyo de Jaca. Este rincón destaca por su patrimonio histórico, como la iglesia de San Miguel del siglo XVI o el puente del Concellar. Sin embargo, es el imponente Palacete de la Viñaza el que custodia el relato más misterioso del lugar.
A mediados del siglo XIX, los marqueses de Saint Lary eligieron este entorno idílico para disfrutar de largas estancias. Para cuidar de sus dos pequeños hijos, Úrbez y Victorián, la familia contrató a Celina, una joven culta de origen aristocrático, hija de un lord inglés. Celina llenaba las estancias del palacete con su pasión por los libros y las notas melancólicas de su pieza favorita al piano: la Pavana para una infanta difunta, de Ravel.
La tragedia aguardaba el día de Todos los Santos. Celina paseaba con los niños cerca de la orilla del río y decidió sentarse a leer bajo la sombra de un árbol. Absorta en las páginas de su libro, no percibió que el carro de los niños comenzó a deslizarse colina abajo hacia la corriente. Al levantar la vista, el río ya se había llevado a los pequeños. Desesperada y rota por la culpa, la joven se lanzó al agua en un intento desesperado por rescatarlos, pero el Gállego fue implacable. Días después, se hallaron los cuerpos sin vida de los tres.
Desde entonces, la quietud del actual albergue se rompe cada noche de Todos los Santos. Quienes visitan el lugar aseguran que el espectro de Celina, envuelto en un etéreo vestido de seda blanco, deambula por el parque y los pasillos de la gran casa. Su recorrido siempre termina igual: frente a un piano invisible, haciendo sonar las tristes notas de su eterna melodía.
La ruta que une los Baños de
Panticosa con los Ibones de Ordicuso, también conocidos popularmente como los
Ibones de las Ranas, es uno de los senderos que se puede hacer en una mañana,
ya que son apenas seis kilómetros en total con un desnivel positivo de unos 480
metros.
Salimos del Balneario de
Panticosa, a 1.636 metros de altitud, justo al lado del gran ibón que da vida
al complejo arquitectónico. El camino arranca pegado al lago, guiados por el
rugido de la visible Cascada de Argualas. A los pocos minutos de marcha, tras
dejar a un lado la Fuente de la Laguna y su clásico templete, la senda se
interna en un frondoso bosque de pinos negros. Este primer tramo es el más
exigente a nivel físico, ya que el sendero progresa mediante un zigzagueo
constante y empinado sobre un terreno pedregoso que obliga a regular el ritmo
desde el principio.
A medida que el bosque empieza
a aclararse y la pendiente concede un respiro, se alcanza el circo de la
Mallata Baxa, un idílico rellano herboso de alta montaña. En este punto,
mientras las rutas hacia las grandes cumbres como el Garmo Negro continúan
ganando altura hacia la derecha, el sendero a Ordicuso se desvía de forma
evidente hacia la izquierda. Tras vadear con cuidado las aguas del Barranco de
Argualas, el relieve se vuelve mucho más amable y la caminata se transforma en
un cómodo paseo que flanquea la ladera a través de verdes praderas.
Finalmente, tras superar un
último y suave repecho, el paisaje se abre para descubrir la cubeta donde
reposan los Ibones de Ordicuso, situados a 2.115 metros de altitud. Estos dos
pequeños lagos de origen glaciar se encuentran dispuestos en terrazas naturales
consecutivas, destacando el ibón superior por su mayor tamaño. El lugar invita
a realizar una parada prolongada, ya que las aguas cristalinas actúan como un
espejo perfecto donde se reflejan las imponentes paredes rocosas de los Picos
de Argualas, los Algas y el Garmo Negro, un lugar idílico para pasar un buen
rato antes de emprender el regreso por el mismo camino.
La ruta de las Pasarelas de Panticosa es un sendero colgante que
permite recorrer un tramo del vertiginoso cañón del río Caldarés. Con una
longitud de unos 800 metros de pasarelas de hierro ancladas a las paredes de
roca caliza, este tramo ofrece una perspectiva aérea impresionante de los
saltos de agua y las pozas naturales que el río ha esculpido con el paso de los
años.
El sendero completo es una ruta circular de aproximadamente 2,2 kilómetros que se completa fácilmente en una hora. Tras superar la zona encajonada del cañón, el camino asciende suavemente a través de un bosque típico pirenaico hasta alcanzar el Mirador de O Calvé, un punto panorámico privilegiado que regala unas vistas magníficas del pueblo de Panticosa y las cumbres que lo rodean. Desde allí, la ruta desciende de regreso pasando cerca de antiguos búnkeres de la línea defensiva pirenaica de la posguerra combinando así naturaleza, ingeniería y un toque de historia local.
Hay que tener en cuenta que el acceso a las pasarelas está regulado mediante una entrada bastante económica que se puede adquirir por internet. El uso de calzado deportivo o de montaña es obligatorio debido al terreno, y aunque el circuito está perfectamente protegido con barandillas elevadas, se recomienda evitarlo si se padece de vértigo.
Las iglesias del Serrablo
constituyen un conjunto arquitectónico excepcional situado en la comarca del
Alto Gállego, entre Biescas y Sabinánigo, en la provincia de Huesca. Estos
templos rurales se construyeron entre los siglos X y XI a lo largo de la ribera
del río Gállego. Su origen exacto ha generado intensos debates entre los
historiadores. Las edificaciones fusionan de forma única los elementos de la
tradición mozárabe y visigoda con las primeras corrientes del románico lombardo
europeo.
Desde el punto de vista
arquitectónico, estas iglesias destacan por su humilde monumentalidad y sus
dimensiones reducidas. Presentan naves únicas rematadas en ábsides
semicirculares o rectangulares que lucen una decoración exterior muy
particular. Los elementos más distintivos de sus muros son las filas de
arcuaciones ciegas y los frisos de baquetones, que son molduras cilíndricas verticales
dispuestas de forma paralela.
Las esbeltas torres campanario
completan la fisonomía de este estilo artístico tan localizado. Estos
campanarios de planta cuadrada suelen alzarse exentos o adosados a los templos.
Muestran ventanas con arcos de herradura o de medio punto enmarcados en alfices
de clara influencia islámica. La belleza de estas construcciones radica en la
sencillez de los materiales locales combinada con una sorprendente pericia
técnica.
Entre las piezas más
sobresalientes de esta ruta destaca la iglesia de San Pedro de Lárrede,
considerada la obra cumbre del Serrablo por su perfecta armonía. Otros ejemplos
clave son la ermita de San Juan de Busa, famosa por su ábside inacabado, San
Bartolomé de Gavín, cuya torre posee una decoración singular o la iglesia de
Santa Eulalia de Orós Bajo, cerca de la Cascada d’Os Lucas, entre muchas otras.
Hoy en día, estas joyas
medievales forman un patrimonio único perfectamente integrado en el paisaje del
Pirineo aragonés que merece la pena visitar en una ruta en coche por pequeñas
carreteras locales sin apenas circulación que conectan los distintos pueblos y
localizaciones.
Con un desnivel de unos 920
metros y una longitud de unos 15 kilómetros, esta ruta constituye una de las
travesías de alta montaña más bellas y variadas que podemos hacer en el Valle
de Tena.
El itinerario da comienzo
justo detrás del refugio de montaña Casa de Piedra, junto al hotel del balneario, a través de una senda
perfectamente señalizada con las marcas rojas y blancas del sendero de gran
recorrido GR 11. Desde los primeros pasos, el camino exige un esfuerzo
constante al ascender sin descanso por la margen derecha del río Caldarés,
abriéndose paso entre imponentes bloques de granito y regalando panorámicas del
circo glaciar que resguarda el balneario.
A medida que se gana altitud,
la estrecha garganta fluvial se convierte en el escenario de impresionantes
saltos de agua y cascadas. Una de los primeras paradas obligadas es el Mirador
de la Reina, un balcón natural que ofrece una perspectiva del valle donde se
asienta el balneario. Poco después, la exigente pendiente da una pequeña tregua
al alcanzar el área conocida como la pradera del Bozuelo, un rellano herboso
ideal para recuperar el aliento antes de afrontar el tramo más vertical de la
primera mitad del recorrido: la célebre Cuesta del Fraile. Esta serpenteante
subida zigzaguea con fuerza para superar de golpe el desnivel que da acceso a
las cubetas glaciares superiores.
Al culminar este exigente
ascenso se llega al umbral del Ibón Bajo de Bachimaña y, a pocos metros, al
moderno refugio de montaña de Bachimaña. Sin necesidad de cruzar la presa
principal, el sendero continúa bordeando las azuladas aguas del Embalse de
Bachimaña Alto por su ribera izquierda. Este tramo ofrece una caminata más
relajada, lo que nos permite disfrutar del imponente paisaje, rodeados de
gigantes de roca, hasta llegar al extremo norte del embalse, donde un desvío
señalizado invita a abandonar la ruta principal hacia el Puerto de Marcadau
para adentrarnos de lleno en el barranco de los Azules.
La parte final de la ascensión
discurre de manera escalonada siguiendo las aguas transparentes del riachuelo con
sus saltos y chorreras. Tras superar las últimas pendientes pedregosas, el
paisaje se abre en el Ibón Azul Inferior, situado a unos 2358 metros de altitud
y encajonado en un entorno puramente granítico. Continuando unos minutos más
por el sendero, se corona la excursión al llegar al Ibón Azul Superior, a más
de 2400 metros sobre el nivel del mar. Desde este soberbio anfiteatro de alta
montaña, las vistas hacia los majestuosos Picos del Infierno, con su característica
marmolera blanca, y al collado del Infierno justifican con creces el esfuerzo
realizado.
Comenzamos en el pueblo de Panticosa, donde tomamos el Tren de Alta
Montaña El Sarrio, un pintoresco tren turístico que realiza un
trayecto de unos 50 minutos ascendiendo por una pista forestal restringida.
Este viaje permite salvar los primeros kilómetros sin esfuerzo y adentrarse
directamente en el majestuoso Valle de la Ripera, un circo glaciar situado
a unos 1.540 metros de altitud y presidido por la imponente silueta de la
Sierra de Tendeñera.
Una vez en La Ripera, da comienzo el tramo a pie siguiendo las
marcas de pequeño recorrido (PR-HU 95). El sendero remonta el curso del río a
través de praderas y zonas de pastizal, adentrándose en el bucólico Rincón del
Verde. Tras pasar cerca de la cascada de Tendeñera, la pendiente se intensifica
de forma decidida para superar el contrafuerte rocoso que da acceso a la
Collata O Berde (2.088 metros), desde donde se desciende ligeramente hasta
alcanzar la cubeta natural que alberga el Ibón de Sabocos. Este lago de
origen glaciar, encajonado a 1.898 metros de altitud, ofrece una de las
estampas más bellas de la zona.
Desde las inmediaciones del ibón, se afronta la parte más dura de la
jornada: la ascensión al Pico del Verde (2.295 metros). Para ello, se
gana el cordal ascendiendo con esfuerzo por laderas empinadas de lasca y piedra
suelta hacia el Cuello de Sabocos, desde donde se progresa por la loma de la
montaña hasta coronar la cima. El esfuerzo se ve recompensado con unas vistas
panorámicas espectaculares del Midi d'Ossau, los Infiernos y el Valle de Tena
en toda su extensión. Tras disfrutar de la cumbre, se inicia la bajada
desandando el cordal para regresar de nuevo de forma directa hacia el fondo
del Valle de la Ripera.
En lugar de regresar en el tren turístico, decidimos volver a Panticosa
a pie por el PR-95. Desde la parada del tren en La Ripera, se toma un precioso y cómodo
sendero señalizado que desciende en paralelo al río Ripera. Este camino recorre
unos 6 kilómetros de bajada suave entre bosques mixtos y zonas umbrías, nos
permite ver el conocido como Dedo de Yenefrito y, si llevamos mucho calor,
darnos un baño en las pozas del río junto al puente que lo cruza antes de
llegar al casco urbano de Panticosa.
· Longitud
total a pie: aproximadamente 19 kilómetros.
Desnivel positivo acumulado: en torno a los 950 metros.
La leyenda del dedo de Yenefrito
Hace muchos siglos, en las
imponentes cumbres del Pirineo aragonés, habitaban dos familias de gigantes
rivales: los soberbios del Garmo Negro, de colosal estatura, y los del Garmo
Blanco, más humildes pero firmes defensores de su libertad. La paz en el Valle
de Tena parecía imposible debido a sus constantes disputas por el dominio de las
montañas, hasta que el destino intervino de forma inesperada. Yenefrito, un
joven perteneciente al clan del Garmo Blanco, se enamoró perdidamente de la
hermosa Argualas, hija de la familia enemiga, naciendo entre ellos un amor tan
profundo como prohibido.
Conscientes de que sus
familias jamás aceptarían su unión, los jóvenes amantes decidieron escapar una
noche hacia el recóndito Rincón del Verde, en el valle de la Ripera, buscando
un lugar donde vivir en libertad. Sin embargo, la huida fue descubierta rápidamente
por los clanes, desatando la furia de ambos bandos, que se persiguieron
mutuamente hasta encontrarse en una feroz y sangrienta batalla campal. En medio
del caos y el fragor del combate, Yenefrito luchó con valentía absoluta para
proteger a su amada, pero terminó siendo herido de gravedad por las armas de
sus oponentes.
Mientras agonizaba en el
suelo, el joven gigante levantó un brazo hacia el firmamento y juró que su amor
por Argualas sería eterno y que su resistencia jamás flaquearía ante la tiranía
de sus rivales. En ese mismo instante, su cuerpo se petrificó, transformándose
en la montaña, mientras que su dedo extendido quedó convertido en una imponente
aguja de roca que apunta permanentemente al cielo. Hoy en día, el "Dedo de
Yenefrito" sigue alzándose con orgullo en el paisaje pirenaico como un
testimonio imperecedero de aquella trágica historia de amor y libertad.
La ruta lineal que conecta el
embalse de La Sarra con el espectacular conjunto lacustre de los ibones de
Respomuso, de las Ranas y de Campo Plano es otra de las rutas emblemáticas del
Valle de Tena. Este itinerario, que coincide en gran parte con el GR-11, discurre en paralelo al curso del
río Aguas Limpias, ofreciéndonos un entorno cambiante que va desde frondosos
hayedos hasta un circo glaciar custodiado por imponentes picos de más de tres
mil metros de altitud, como el macizo de Balaitús o la Gran Facha.
El punto de partida se sitúa
en el aparcamiento junto al embalse de La Sarra, a unos 1.438 metros de
altitud, en las inmediaciones de Sallent de Gállego. Desde allí, la senda se
interna en el denso bosque flanqueando el barranco. A medida que se gana altura
con una pendiente constante pero progresiva, se atraviesan enclaves de gran
belleza visual como el bosque abierto a ambas orillas del río, el Estrecho o
Paso del Onso —donde el desfiladero se estrecha notablemente— y el Llano Cheto.
Tras superar este último rellano, la subida se vuelve más exigente y empinada a
través de tramos empedrados que conducen directamente a la majestuosa presa
del ibón de Respomuso, situado a unos 2.130
metros de altura.
Una vez alcanzada la cubeta de
Respomuso, la ruta continúa bordeando este gran lago para aproximarse al
refugio guardado de montaña. A escasa distancia del edificio se encuentra el
pequeño y bucólico ibón de las Ranas, una balsa natural que ofrece un
contrapunto íntimo frente a la inmensidad del lago principal. Prosiguiendo el
sendero con rumbo este, el terreno se suaviza notablemente hasta alcanzar los
prados que enmarcan el ibón de Campo Plano. Este último lago destaca por
encontrarse en una gran llanura aluvial de origen glaciar donde las aguas
serpentean entre pastizales rodeados de crestas de roca desnuda.
La longitud total de la travesía completa (ida y vuelta) se acerca a los 20 kilómetros, y el desnivel positivo acumulado se sitúa en torno a los 820 metros, concentrados principalmente en la subida constante desde La Sarra hasta alcanzar el circo de Respomuso.
L'ascension du pic Peyreget
depuis le parking d'Anéou est l'une des randonnées les plus
emblématiques des Pyrénées françaises. Son accès est très facile depuis la
vallée de Tena, car le parking d'Anéou se situe à un kilomètre après la
frontière du Pourtalet. Avec une distance totale d'environ 12 kilomètres et un
dénivelé positif de près de 900 mètres, ce parcours nécessite entre 5 et 7
heures de marche, selon le nombre de pauses effectuées. Le grand attrait de cet
itinéraire réside dans son panorama exceptionnel, offrant l'une des plus belles
vues sur la silhouette majestueuse du pic du Midi d'Ossau.
Depuis le
parking d'Anéou, il faut traverser la route et le pont enjambant le gave de
Brousset pour emprunter le chemin qui s'élève de manière constante à travers
les vastes pâturages du cirque d'Anéou. Après environ une heure de marche, on
atteint le col de Soum de Pombie. Depuis ce belvédère naturel, le sentier
amorce une brève et douce descente en direction du refuge de Pombie et de son
lac, un endroit idéal pour faire une petite pause au pied du Midi d'Ossau.
Aux abords du
refuge, l'itinéraire reprend sa progression vers l'ouest sur un terrain qui
devient de plus en plus rocailleux et minéral. On y croise plusieurs petits
lacs qui, selon la saison, peuvent être recouverts de neige o presque à sec. En
suivant les cairns, le sentier s'élève régulièrement jusqu'au col de Peyreget.
Une fois au col, le sentier bifurque à gauche le long d'une croupe, louvoyant
entre les blocs de pierre et de petites pelouses, jusqu'au sommet du pic
Peyreget.
Pour le retour,
il existe une option – que nous n'avons pas choisie – qui consiste à descendre
du sommet jusqu'au col de Peyreget, et là emprunter un sentier contournant le
pic vers le col de l'Ou, en passant à proximité du lac de Peyreget. Depuis ce
dernier col, une longue et agréable descente à travers les vertes prairies
d'Anéou permet de finir la boucle, nous ramenant au col de Soum de Pombie et,
de là, au point de départ au parking.
Fermín Arrudi Urieta, conocido
universalmente como el Gigante de Sallent, fue un personaje extraordinario que
marcó la historia del Pirineo aragonés a finales del siglo XIX y principios del
XX. Nacido en Sallent de Gállego en 1870 en el seno de una familia de estatura
media, tuvo una infancia completamente normal hasta que cumplió los once años. Tras
sufrir una grave enfermedad febril, comenzó a desarrollarse de forma imparable
hasta alcanzar los 2,29 metros de altura y los 180 kilos de peso, transformándose
en un coloso que asombraría a todo el mundo.
Su descomunal físico lo llevó
a recorrer el planeta exhibiendo su estatura en teatros y eventos
internacionales, llegando a ser una de las grandes atracciones de la Exposición
Universal de París de 1900. Sin embargo, Fermín no era un simple fenómeno de
feria. Poseía una sensibilidad artística asombrosa y un talento musical innato
que encandilaba al público. Aprendió de forma autodidacta a tocar la bandurria,
la guitarra y el violín, y su potente voz para cantar jotas conmovía a quienes
lo escuchaban, ganándose además el cariño de sus vecinos por su enorme
generosidad.
Le Tour des lacs d’Ayous est l’un des
itinéraires en boucle les plus populaires du Parc national des Pyrénées en
France, situé à moins d’une demi-heure de la frontière espagnole par le col du
Pourtalet.
Le parcours
commence habituellement au parking (payant) situé près des eaux turquoise du lac de Bious-Artigues (1420 mètres).
Là, un sentier confortable contourne le réservoir et s'enfonce progressivement
dans une hêtraie dense et ombragée. En gagnant les premiers mètres de dénivelé
et en quittant l'abri de la forêt, le paysage s'ouvre complètement sur de
vastes prairies où le bétail pâture généralement en liberté. C'est ici que
commence le véritable spectacle aquatique, en atteignant successivement le lac Roumassot, le petit lac du Miey et le spectaculaire lac Gentau. Au bord de ce dernier, à 1
947 mètres d'altitude, se trouve l'emblématique refuge d'Ayous, l'étape idéale pour
contempler le panorama le plus photographié de toutes les Pyrénées béarnaises :
les eaux calmes du lac avec le pic du Midi d'Ossau en toile de fond.
Depuis le
refuge, le sentier continue de grimper vers le point culminant du circuit
traditionnel. On atteint rapidement le lac Bersau (2 082 mètres), le plus grand et le plus haut de tout
l'itinéraire, qui offre un décor nettement plus sauvage et rocheux. Après cette
étape, l'itinéraire entame une longue descente qui passe à côté du discret lac Castérau et descend doucement à travers la plaine alluviale de la gave de Bious, pour rejoindre enfin une
piste forestaire qui ramène confortablement au point de départ à
Bious-Artigues.
La distance
totale de cette célèbre randonnée est de 14,5 km, avec un dénivelé positif de 750 mètres. En été, et particulièrement
le week-end, il convient d'arriver très tôt pour obtenir une place sur le
parking au bord du lac. Sinon, il faudra laisser la voiture un kilomètre et
demi plus bas et ajouter cent mètres de dénivelé supplémentaire à la montée.
La subida desde los Baños de
Panticosa hasta los Ibones de Arnales es una de las excursiones de alta montaña
más bellas y menos masificadas del Valle de Tena. Se puede hacer circular (8 km
y 750 m de desnivel) aunque nosotros la hicimos de ida y vuelta, (6 km y unos
660 metros de desnivel).
El punto de partida se sitúa
en el aparcamiento del Balneario de Panticosa, a unos 1.636 metros de altitud.
El sendero comienza compartiendo trazado con la subida que hicimos a los Ibones
de Ordicuso, ganando altura de forma rápida y decidida a través de un frondoso
tramo arbolado, hasta llegar a la Mallata Baja. Desde este punto, el camino
continúa ascendiendo a la derecha hacia la Mallata Alta y los tresmiles de la
zona.
Al llegar a la Mallata Alta,
la ruta se desvía aún más a la derecha, abandonando el sendero principal para
adentrarse en una diagonal menos transitada que se dirige hacia el norte. El
terreno aquí se vuelve más rocoso y agreste, guiado por líneas de hitos de
piedra que conducen directamente hacia los ibones.
Guiándonos por la caída de
agua, la senda alcanza el desagüe del Ibón Inferior de Arnales, un sobrecogedor
lago de origen glaciar encajonado bajo las siluetas del Pico Arnales y el Garmo
Negro. Remontando unos pocos metros más de desnivel, se accede al Ibón Superior
o Grande de Arnales, situado a unos 2.300 metros de altitud, cuyas aguas
cristalinas e intensamente azules invitan al descanso.
Para el regreso, la opción más recomendada es completar el bucle descendiendo en dirección al refugio de los Ibones de Bachimaña para conectar con la célebre senda GR-11, bajando por la mítica cuesta del Fraile y el barranco del Caldarés hasta regresar al punto de inicio, aunque nosotros volvimos por el mismo camino ya que teníamos intención de comer en el balneario al mediodía.
La ruta, más o menos circular,
con una longitud aproximada de unos 5 kilómetros y un desnivel positivo de unos
180 metros, comienza en el aparcamiento de la Ermita de Santa Elena, un entorno
cargado de leyendas y situado en la puerta de entrada al Valle de Tena.
Desde el estacionamiento, un
cómodo paseo adaptado avanza hasta alcanzar el Dolmen de Santa Elena. Este
monumento megalítico, reconstruido tras sufrir daños en la guerra civil, se
sitúa junto a una pequeña pradera rodeada de pinos silvestres. A pocos metros
del dolmen, un sendero desvía la caminata hacia la sorprendente Surgencia de
Batanes, un espectacular manantial donde el agua brota con fuerza
asombrosa directamente de las entrañas de la roca caliza.
A partir de este punto, el
itinerario se interna de lleno en el frondoso Valle de L’Asieso, cruzando un
puente sobre el barranco homónimo. El paisaje cambia drásticamente para
envolvernos en una atmósfera mágica y sombría, dominada por uno de los abetales
mejor conservados del Pirineo aragonés. La senda gana altura de manera muy
progresiva y suave, flanqueada por una densa vegetación y acompañada siempre
por el relajante murmullo del agua, hasta alcanzar el majestuoso Tejo de
L’Asieso, catalogado oficialmente como Árbol Singular de Aragón. Este
fascinante monumento vivo destaca por estar compuesto por dos ejemplares —uno
macho y otro hembra— que han crecido fusionados por el tronco a lo largo de más
de 150 años de historia. Tras contemplar este prodigio de la naturaleza, el sendero
inicia el regreso completando la vuelta circular de manera fluida y descendente
hacia el punto de inicio.
Nuestra intención era habernos acercado al Fuerte y a la Ermita de Sta. Elena, pero el tiempo se nos echó encima y tuvimos que irnos hacia Panticosa. ¡Los baños nos esperaban!
La Ermita de Santa Elena se erige como el corazón espiritual y
cultural del Valle de Tena, en el municipio de Biescas (Huesca). Este
emblemático santuario se asienta en un imponente desfiladero tallado por el río
Gállego, un paraje que ha sido considerado sagrado desde tiempos prehistóricos.
La magia de este entorno pirenaico combina una rica herencia histórica con la
presencia de un enigmático manantial y cautivadoras tradiciones populares.
La ocupación humana en este
estratégico desfiladero se remonta al Neolítico, tal como lo atestigua el
célebre dolmen de Santa Elena situado en las praderas cercanas. Siglos más
tarde, en el año 1221, el rey Jaime I de Aragón ordenó la edificación del
primer templo cristiano en el lugar. El edificio actual muestra una
arquitectura barroca fruto de las reconstrucciones del siglo XVII. Debido a su
valor como paso obligado hacia Francia, el entorno alberga también un fuerte
militar mandado construir por Felipe II, y sigue siendo hoy el escenario de la
antiquísima Romería de las Cruces.
Uno de los mayores atractivos del santuario es el manantial de «La Gloriosa», una fuente intermitente que brota directamente de una cueva junto a la cabecera de la ermita. El agua circula a través de un complejo sistema de sifones naturales subterráneos, provocando que el caudal aparezca y desaparezca de forma irregular. Tradicionalmente, los lugareños interpretaban la fuerza de su brote como un presagio de excelentes cosechas, mientras que su sequía anunciaba épocas de escasez. Tras fluir bajo la pradera, el agua se precipita al vacío creando una espectacular cascada a la que siempre se le han atribuido propiedades curativas.
Siempre merece la pena
acercarse a Torla para recorrer el valle de Ordesa, aunque ya hayas ido varias
veces.
Como siempre en verano, toca
coger el autobús que, previo pago, nos lleva hasta el aparcamiento de la
Pradera de Ordesa, a 1.320 metros de altitud, para comenzar la ruta circular desde
aquí: unos 22 kilómetros con un desnivel acumulado positivo de unos 850 metros.
El itinerario comienza
cruzando el río Arazas a través del puente de los Cazadores para encarar de
inmediato el tramo más duro del día: la Senda de los Cazadores. Este sendero
asciende de forma implacable y zigzagueante por el interior del bosque,
superando más de 600 metros de desnivel vertical en apenas dos kilómetros de
recorrido. El esfuerzo físico culmina de manera sublime al alcanzar el Mirador
de Calcilarruego, situado a casi 2.000 metros de altitud, desde donde se abre
una de las panorámicas más sobrecogedoras del valle, con el circo de Cotatuero
y el Tozal del Mallo alzándose imponentes al frente y con la pradera de Ordesa,
diminuta, en lo hondo del valle.
Una vez recuperado el aliento,
el camino se suaviza por completo al adentrarse en la majestuosa Faja de Pelay.
Este tramo recorre la vertiente sur de Ordesa, bajo la Sierra de las Cutas, a
modo de balcón natural suspendido a gran altura, ofreciendo kilómetros de
caminata cómoda en un levísimo y progresivo descenso. Mientras avanzas entre
prados alpinos y pinos negros, la perspectiva del fondo del valle cubierto de
vegetación y de los paredones calizos que lo cierran por el norte te acompañarán
de forma continua hasta alcanzar las inmediaciones del Circo de Soaso, donde los
colosos calizos –las Tres Sorores- se cierran para dar cobijo a la emblemática
cascada de la Cola de Caballo a sus pies.
Tras disfrutar de este icónico y muy visitado salto de agua, se inicia el regreso descendiendo plácidamente por el sendero principal del fondo del valle (GR-11). El primer hito del descenso son las Gradas de Soaso, una preciosa sucesión de escalones naturales de piedra por donde el agua del río Arazas fluye con fuerza creando pequeños saltos escalonados. Poco después, el paisaje abierto da paso a la sombra del frondoso hayedo-abetal de Ordesa. En el tramo final, el murmullo del agua se intensifica al pasar junto a las espectaculares cascadas del Estrecho y de la Cueva, antes de regresar cómodamente al punto de inicio en la Pradera de Ordesa y volver a coger el autobús que nos dejará cómodamente en Torla.




























































































































































































































































































































































































































































































































































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