miércoles, 29 de abril de 2026

Costa Rica I y II: Por el Valle Central

I. VOLCÁN IRAZÚ, CARTAGO, VALLE DE OROSÍ Y JARDÍNES LANKESTER 

Volcán Irazú

Cuenta una leyenda costarricense que en los albores del tiempo, cuando en estos valles el nombre de los dioses eran otros, dos fuerzas se alzaban en su territorio. Al norte, Coo, sabio y cercano a la tierra; al sur, Guarco, ambicioso y forjado en la guerra. Entre ambos creció un conflicto inevitable que pronto cubrió la fértil tierra de fuego y sangre.

Al morir Coo, Aquitaba tomó su lugar, pero la derrota se acercaba como una sombra imposible de esquivar. En su desesperación, subió al monte más alto con su hija Iztarú y, entre plegarias, la ofreció a los dioses.

Entonces la montaña respondió: La tierra tembló, y de sus entrañas brotaron fuego, ceniza y piedras que cayeron sobre los enemigos, obligándolos a huir. Un riachuelo hirviente descendió por sus laderas, arrasando todo a su paso.

Desde entonces, aquel monte quedó marcado como sagrado y temido.

Hoy lo conocemos como el volcán Irazú. Pero en sus entrañas todavía respira la historia de Iztarú, y el susurro de un padre que entregó lo más querido para salvar a su pueblo.


El Volcán Irazú se eleva como una de las formaciones más imponentes de Centroamérica y constituye el segundo punto más alto de Costa Rica, tras el Cerro Chirripó, con aproximadamente 3.432 metros sobre el nivel del mar. Forma parte de la Cordillera Volcánica Central y su silueta domina el paisaje de la provincia de Cartago.

El Irazú, uno de los cinco volcanes activos de Costa Rica en la actualidad (los otros cuatro son Poás, Turrialba, Arenal y Rincón de la Vieja) ha sido protagonista de numerosos episodios eruptivos a lo largo de la historia. Uno de los más significativos ocurrió entre 1963 y 1965, coincidiendo incluso con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy al país. Durante ese periodo, el volcán expulsó grandes cantidades de ceniza y gases, afectando gravemente a toda la zona de Cartago, llegando incluso a la capital, San José, y sus alrededores, cubriendo cultivos, contaminando el aire y alterando la vida cotidiana de miles de personas.

Parece que el cielo se abre y podremos ver el cráter

pero al llegar a Playa Hermosa

y al Cráter Diego de la Haya la niebla ha cogido asiento y parece no querer abandonarnos

ni aún en el enorme boquete del cráter principal

El cráter principal del Irazú alberga en ocasiones una laguna de tonalidades verdosas o turquesas que en los últimos años ha aparecido y desaparecido en varias ocasiones. Junto a él, en la parte más alta, una enorme extensión de cenizas volcánicas de aspecto lunar conocida como Playa Hermosa y otro cráter secundario, el Diego de la Haya, menos profundo y con una pequeña lámina de agua en algunas ocasiones.

Desde su cumbre, en días despejados –no es raro que las nubes hagan acto de presencia, sobre todo a partir de media mañana- es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe.


Esta es la imagen del Irazú un día despejado y con la laguna con agua 

Coriaria ruscifolia - Matarratones, una planta tóxica que presenta vistosos racimos de flores colgantes

Un árbol de buen porte en estas alturas

En los volcanes de la Cordillera Central,como el Volcán Irazú, y en otras grandes montañas del país, como en la Cordillera de Talamanca, se desarrolla lo que se conoce como bosque de páramo, formado por árboles, arbustos, musgos y otras plantas que han aprendido a sobrevivir con poca temperatura, alta radiación solar y suelos volcánicos jóvenes. 

Estos paisajes, a menudo cubiertos de neblina, presentan una apariencia austera pero frágil. Los páramos funcionan como reguladores hídricos, captando humedad y alimentando nacientes de agua que descienden hacia los valles. A pesar de su aspecto sencillo, albergan una biodiversidad notable y adaptaciones únicas, lo que los convierte en uno de los ecosistemas más singulares y valiosos de Costa Rica.



Otra imagen de Playa Hermosa

Junco vulcani - Junco volcánico, una especie de gorrión nativa de las tierras altas de Costa Rica y el oeste de Panamá que se encuentra principalmente en las cimas de volcanes y otras zonas montañosas.

Gunnera insignis - Sombrilla de pobre, una enorme planta con hojas de hasta dos metros de diámetro, endémica de las altas montañas de Costa Rica, Panamá y Nicaragua.

Oreopanax xalapensis - Cacho de venado, árbol originario de las zonas altas de Centroamérica

Bomarea hirsuta - Arete de bruja

Senecio oerstedianus - Papelillo

Castilleja irazuensis, un endemismo de este volcán


Una corta visita a Cartago

Cartago, la de las viejas piedras,
la de los templos caídos y el silencio,
guarda en sus ruinas la memoria
de un tiempo detenido en el viento.

Sus calles hablan en voz baja,
entre musgo, historia y misterio,
como si el pasado aún respirara
bajo el peso gris del recuerdo.

Julián Marchena, fragmento del poema "Romance de las ruinas" 


En Cartago, la antigua capital de Costa Rica, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los lugares más emblemáticos de Costa Rica, tanto por su valor religioso como cultural. Su origen se remonta a 1635, cuando, según la tradición, una joven indígena encontró una pequeña imagen de piedra de la Virgen María sobre una roca. Cada vez que intentaba llevarla a su casa, la imagen regresaba misteriosamente al mismo lugar, lo que fue interpretado como una señal divina. Con el tiempo, esa figura sería conocida como “La Negrita”, patrona del país.

A partir de ese hallazgo se construyó un templo que, debido a los frecuentes terremotos en la zona, tuvo que ser reconstruido en varias ocasiones hasta llegar a la basílica actual, de estilo neobizantino, inaugurada en el siglo XX.

Cada 2 de agosto, en honor a la Virgen de los Ángeles, miles de personas caminan desde distintos puntos del país hasta la basílica, en el acto que convierte a Cartago en la capital religiosa del país.


Interior de la Basílica

Ruinas de la iglesia de Santiago Apóstol

Su origen se remonta al siglo XVI, cuando en ese mismo lugar se levantó una de las primeras iglesias dedicadas a Santiago, patrono de la ciudad. A lo largo de los siglos, el templo fue destruido y reconstruido varias veces debido a los frecuentes terremotos que afectaron y afectan a la región. La última edificación, iniciada en 1870, nunca llegó a completarse, ya que el devastador terremoto de 1910 interrumpió definitivamente las obras. Hoy en día, lo que permanece son sus viejos muros de piedra, arcos y escalinatas como parte de un parque muy cuidado, pero con un aire de abandono y melancolía.

Cartago fue fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado. Él decidió darle ese nombre inspirado en la grandeza histórica de la Cartago original. La ciudad fue la primera capital del país, pero lperdió ese status principalmente por razones políticas, económicas y geográficas que se intensificaron tras la independencia en 1821.

En los primeros años del país independiente surgió una fuerte rivalidad entre Cartago —de tradición colonial y más conservadora— y ciudades emergentes como San José y Alajuela, que tenían una visión más liberal y orientada al comercio. Esta tensión culminó en la llamada Guerra de Ochomogo, un conflicto civil que sería decisivo en el devenir histórico de la nueva nación..

En esa batalla, las fuerzas de San José y Alajuela derrotaron a Cartago, lo que permitió trasladar la capital a San José en 1823. A partir de ese momento, el poder político se consolidó allí, favorecido además por su ubicación más estratégica para el comercio y su crecimiento económico.

Otro factor importante fue la vulnerabilidad de Cartago a los terremotos, que habían destruido la ciudad en varias ocasiones, debilitando su desarrollo y estabilidad como centro político.

De nuestro deambular por las calles de Cartago -a pie y en buseta-, dos cosas me llamaron especialmente la atención: una, el hecho de que la mayoría de las casas -no vimos bloques de pisos por ningún lado- estaban completamente enrejadas, algunas incluso con alambres de espino. Posteriormente nos comentaron que esto era debido al clima de inseguridad -robos y asaltos- que se vive en algunas zonas del país, especialmente en las ciudades más grandes, en zonas poco frecuentadas por turistas. La segunda, y más positiva, fue ver un cartel donde se daban clases de varias asignaturas y también de "Lesco". Me quedé un poco intrigado pues no sabía lo era, así que lo busqué en Internet, le pregunté al Sr. Google que todo lo sabe.
El LESCO es la Lengua de Señas Costarricense, es decir, el idioma natural que utilizan muchas personas sordas en Costa Rica para comunicarse. Esta lengua no fue “inventada” por una sola persona sino que surgió de manera natural dentro de la comunidad sorda del país. Se trata de una lengua completa, con su propia gramática, estructura y vocabulario, diferente del español. En Costa Rica está reconocida como lengua oficial y en las escuelas donde hay alumnos sordomudos se suele implantar un modelo educativo bilingüe en el que el LESCO es la primera lengua y el español, especialmente en su forma escrita, se aprende como segunda lengua, facilitando así la inclusión de estas personas en la sociedad.


Cafetal en el Valle de Orosí

 “Por las lomas, cubiertas de cafetos, el verde se derrama en suaves ondulaciones, interrumpido aquí y allá por la sombra de los porós. Los caminos, angostos y de tierra suelta, bajan en curvas caprichosas hacia el fondo del valle, mientras las casitas blancas, de techo de teja, se asoman entre los árboles frutales. Al amanecer, una neblina ligera desciende de las montañas cercanas y envuelve los cafetales, dando al paisaje un aire de quietud y frescura que contrasta con el calor que vendrá más tarde.”

Manuel González Zeledón (Magón)

 

El Valle de Orosí es una zona rural tranquila, próxima a Cartago, rodeada de montañas y con bastante vegetación, donde los pueblos y casas dispersas aparecen, como por arte de magia, tras los árboles. Su economía gira en gran parte alrededor del café y la agricultura y de un incipiente turismo termal.

Imagen de un pequeño pueblo del valle mientras nos dirigíamos al Restaurante "La Casona del cafetal"

El restaurante se encuentra en medio de una plantación tradicional de café junto al lago Cachí, rodeados de vegetación por todos lados y donde árboles, flores, mariposas y pájaros nos entretienen por un buen rato antes y después de comer.

Eucalyptus deglucta - Eucalipto arcoiris

Abutilon pictum - Farolillo chino

Heliconius charithonia - Mariposa cebra

Passiflora coccinea - Flor de la pasión roja

Lago Cachí

Y en este lugar, apenas un punto en el mapa, vinimos a conocer a un hombre chileno que, casualidades de la vida, había trabajado en Portocolom, en Mallorca, cuidando a la mujer gravemente enferma de un amigo de mi hermana. Y es que, como dice el dicho, el mundo es un pañuelo.


Jardines Lankester

Cerca del Valle de Orosí y de Cartago se encuentra Paraíso, localidad en la que un día, a principios del s. XX, el naturalista y botánico inglés Charles H. Lankester decidió establecerse, comprando un terreno en el que se dedicaría a coleccionar y estudiar plantas de la flora tropical, sobre todo orquídeas. Al morir, su legado terminaría pasando a la Universidad de Costa Rica, que desde el año 1973 lo gestiona y que ha hecho de él uno de los principales centros de estudio de la flora tropical del mundo, convirtiéndose en un referente botánico, en especial en lo concerniente al mundo de las orquídeas y de las bromelias.

Tere al lado de una enorme bromelia en flor, Alcantarea imperialis

Las bromelias son plantas mayormente tropicales que crecen tanto en el suelo como sobre otras plantas, sin ser parásitas. Muchas bromelias mueren después de florecer. Este proceso se llama monocarpia: la planta produce su flor una sola vez en su vida. Tras la floración, la planta madre empieza a debilitarse poco a poco, pero antes de morir suele generar “hijuelos” o brotes en la base, que crecen y pueden convertirse en nuevas plantas. Si hablamos de bromelias conocidas quizás la más famosa y la de mayor importancia comercial es la piña. Otra que en muchas zonas de España se suele cultivar con éxito es el clavel de aire, esa planta que colgamos en una pared y que parece prosperar sin necesitar nada.


Neoregelia

El interior del jardín está dividido en distintas zonas, cada una dedicada a un tipo de planta: bromelias, heliconias y otras plantas tropicales de grandes hojas como filodendros o calatheas, orquídeas, helechos, cactus...

y un jardín japonés

con su estanque y pájaro de verdad, una garcilla verde -Butorides virescens-

 un colorido puentecillo

y un bosque de bambúes

Un rincón del jardín

Anthurium salvinii - Tabacón, una planta endémica de Centroamérica propia de los bosques húmedos de montaña

cactus con una bromelia

Paseando por la zona de las plantas tropicales de hojas grandes

donde también hay una buena colección de heliconias, con sus particulares flores -Heliconia bihai, garra de langosta-

Animada charla -política incluida- con una pareja de americanos que nos acompañaban este día. Él no hablaba español, pero la mujer lo hacía con bastante soltura.

Ananas bracteatus - Piña roja

Las ramas de un árbol cubierto de bromelias

Aechmea aquilega

Grupo de bromelias, unas en el suelo y otras por los árboles

Las bromelias se caracterizan por sus hojas en forma de roseta, que a menudo acumulan agua en el centro. Son importantes para los ecosistemas, ya que proporcionan refugio y agua a pequeños animales, destacando por sus formas y colores variados.

Pero si por algo es conocido este jardín botánico es por su colección de orquídeas, cerca de mil especies distintas y más de 15.000 ejemplares, entre los que destaca

la guaria morada - Guarianthe skinneri - una orquídea endémica de Centroamérica, considerada la flor nacional de Costa Rica y muy escasa en estado silvestre

Sophrolaeliocattleya

Cochleanthes discolor 

Maxillaria tenuifolia - Orquídea coco ¿por qué será?

Pleurothallis, un género de orquídeas epífitas con flores pequeñísimas propio de los bosques húmedos y nubosos de Costa Rica 




II. TARDE POR SAN JOSÉ

Como llegamos pronto al hotel, sobre las cuatro y media, nos fuimos a buscar el adaptador para los enchufes y, de camino, dar una vuelta por esta ciudad por la que las guías turísticas no parecen mostrar mucho interés pues carece de la belleza de otras capitales: sus monumentos son escasos, las calles poco atractivas... pero ambiente comercial y vidilla no le falta, sobre todo en torno a la zona del Mercado Central, la Avenida Central y la Plaza de la Cultura.

Lo del adaptador fue más difícil de lo que pensábamos. Primero fuimos a un enorme supermercado que tenía de todo, cerca del hotel, pero nada. Intentando ayudarnos una dependienta muy amable, nos indicó varios lugares, pero estaban bastante lejos de donde nos encontrábamos, así que decidimos irnos hacia las calles del centro. Por cierto, andar por las calles de San José es jugarte la vida: sin un paso de cebra y semáforos contados con los dedos de una mano, aceras estrechas y unas cunetas a ras de suelo de medio metro de profundidad y otro tanto de anchas, supongo para que circule el agua durante los frecuentes chaparrones. Si no te pilla un coche, mueres sepultado en una de esas cunetas que, literalmente, había que saltar cada vez que cruzabas una calle, y fueron muchas.

Las calles entorno al mercado Central son muy curiosas pues están organizadas por tipos de tiendas: las de comida por un lado, las de ropa por otro, las de productos de limpieza, las de pinturas, las de fontanería, las de electrodomésticos, las de productos eléctricos... estas son las que nos interesan. Entramos a varias y en una, dimos con los adaptadores -deme dos-. También compramos un bañador y un repelente contra insectos que se nos habían olvidado, eso sí, cado cosa en su calle.

Después nos dimos una vueltecita por la la Avenida 2 y la Avenida Central, donde numerosos puestecillos ambulantes y dependientes de distintos comercios pregonaban sus productos a voz en grito a ver quién ofrecía más y más barato. Todo muy curioso y enormemente animado.

Compramos algo de comer y decidimos que ya era hora de volver al hotel, eso sí, con un poco de miedo porque conforme nos alejábamos un poco del centro, centro, las calles estaban más solitarias y oscuras pero con las mismas cunetas esperando un tropiezo.

Por suerte, volvimos al hotel sin ningún contratiempo y con los adaptadores que nos permitirían cargar móviles y cámara durante el viaje. Prueba conseguida.

Uno de los escasos semáforos en un cruce en la Avenida Central

Parte peatonal de la Av. Central

Plaza de la Cultura

Teatro Nacional

Parque Central, junto a la Avenida 2

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