Volcán Irazú
Cuenta una leyenda costarricense que en los albores del tiempo, cuando en estos valles el
nombre de los dioses eran otros, dos fuerzas se alzaban en su territorio. Al
norte, Coo, sabio y cercano a la tierra; al sur, Guarco, ambicioso y forjado en
la guerra. Entre ambos creció un conflicto inevitable que pronto cubrió la
fértil tierra de fuego y sangre.
Al morir Coo,
Aquitaba tomó su lugar, pero la derrota se acercaba como una sombra imposible
de esquivar. En su desesperación, subió al monte más alto con su hija Iztarú y,
entre plegarias, la ofreció a los dioses.
Entonces la montaña respondió: La tierra tembló, y de sus entrañas brotaron fuego, ceniza y piedras que
cayeron sobre los enemigos, obligándolos a huir. Un riachuelo hirviente
descendió por sus laderas, arrasando todo a su paso.
Desde entonces,
aquel monte quedó marcado como sagrado y temido.
Hoy lo conocemos como el volcán Irazú. Pero en sus entrañas todavía respira la historia de Iztarú, y el susurro de un padre que entregó lo más querido para salvar a su pueblo.
El Volcán Irazú se eleva como una de las formaciones más imponentes de
Centroamérica y constituye el segundo punto más alto de Costa Rica, tras el
Cerro Chirripó, con aproximadamente 3.432 metros sobre el nivel del mar. Forma
parte de la Cordillera Volcánica Central y su silueta domina el paisaje de la
provincia de Cartago.
El Irazú, uno de los cinco volcanes activos de Costa Rica en la actualidad (los otros cuatro son Poás, Turrialba, Arenal y Rincón de la Vieja) ha sido protagonista de numerosos episodios eruptivos a lo largo de la historia. Uno de los más significativos ocurrió entre 1963 y 1965, coincidiendo incluso con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy al país. Durante ese periodo, el volcán expulsó grandes cantidades de ceniza y gases, afectando gravemente a toda la zona de Cartago, llegando incluso a la capital, San José, y sus alrededores, cubriendo cultivos, contaminando el aire y alterando la vida cotidiana de miles de personas.
El cráter principal del Irazú alberga en ocasiones una laguna de tonalidades verdosas o turquesas que en los últimos años ha aparecido y desaparecido en varias ocasiones. Junto a él, en la parte más alta, una enorme extensión de cenizas volcánicas de aspecto lunar conocida como Playa Hermosa y otro cráter secundario, el Diego de la Haya, menos profundo y con una pequeña lámina de agua en algunas ocasiones.
Desde su cumbre, en días despejados –no es raro que las nubes hagan acto de presencia, sobre todo a partir de media mañana- es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe.
En los volcanes de la Cordillera Central,como el Volcán Irazú, y en otras grandes montañas del país, como en la Cordillera de Talamanca, se desarrolla lo que se conoce como bosque de páramo, formado por árboles, arbustos, musgos y otras plantas que han aprendido a sobrevivir con poca temperatura, alta radiación solar y suelos volcánicos jóvenes.
Estos paisajes, a menudo cubiertos de
neblina, presentan una apariencia austera pero frágil. Los páramos funcionan como reguladores
hídricos, captando humedad y alimentando nacientes de agua que descienden hacia
los valles. A pesar de su aspecto sencillo, albergan una biodiversidad notable
y adaptaciones únicas, lo que los convierte en uno de los ecosistemas más
singulares y valiosos de Costa Rica.
Cartago, la de las viejas piedras,
la de los templos caídos y el silencio,
guarda en sus ruinas la memoria
de un tiempo detenido en el viento.
Sus calles hablan en voz baja,
entre musgo, historia y misterio,
como si el pasado aún respirara
bajo el peso gris del recuerdo.
Julián Marchena, fragmento del poema "Romance de las ruinas"
En Cartago, la antigua capital de Costa Rica, se encuentra la Basílica
de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los lugares más emblemáticos de Costa
Rica, tanto por su valor religioso como cultural. Su origen se remonta a 1635,
cuando, según la tradición, una joven indígena encontró una pequeña imagen de
piedra de la Virgen María sobre una roca. Cada vez que intentaba llevarla a su casa,
la imagen regresaba misteriosamente al mismo lugar, lo que fue interpretado
como una señal divina. Con el tiempo, esa figura sería conocida como “La
Negrita”, patrona del país.
A partir de ese hallazgo se construyó un templo que, debido a los
frecuentes terremotos en la zona, tuvo que ser reconstruido en varias ocasiones
hasta llegar a la basílica actual, de estilo neobizantino, inaugurada en el
siglo XX.
Cada 2 de agosto, en honor a la Virgen de los Ángeles, miles de personas
caminan desde distintos puntos del país hasta la basílica, en el acto que convierte
a Cartago en la capital religiosa del país.
Su origen se remonta al siglo XVI, cuando en ese mismo lugar se levantó una de las primeras iglesias dedicadas a Santiago, patrono de la ciudad. A lo largo de los siglos, el templo fue destruido y reconstruido varias veces debido a los frecuentes terremotos que afectaron y afectan a la región. La última edificación, iniciada en 1870, nunca llegó a completarse, ya que el devastador terremoto de 1910 interrumpió definitivamente las obras. Hoy en día, lo que permanece son sus viejos muros de piedra, arcos y escalinatas como parte de un parque muy cuidado, pero con un aire de abandono y melancolía.
Cartago fue fundada
en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez
de Coronado. Él decidió darle ese nombre inspirado en la grandeza
histórica de la Cartago original. La ciudad fue la primera capital del país, pero lperdió ese status principalmente
por razones políticas, económicas y geográficas que se intensificaron tras la
independencia en 1821.
En los primeros años del país independiente surgió una fuerte rivalidad
entre Cartago —de tradición colonial y más conservadora— y ciudades emergentes
como San José y Alajuela, que tenían una visión más liberal y orientada al
comercio. Esta tensión culminó en la llamada Guerra de Ochomogo, un
conflicto civil que sería decisivo en el devenir histórico de la nueva nación..
En esa batalla, las fuerzas de San José y Alajuela derrotaron a Cartago,
lo que permitió trasladar la capital a San José en 1823. A partir de ese
momento, el poder político se consolidó allí, favorecido además por su
ubicación más estratégica para el comercio y su crecimiento económico.
Otro factor importante fue la vulnerabilidad de Cartago a los
terremotos, que habían destruido la ciudad en varias ocasiones, debilitando su
desarrollo y estabilidad como centro político.
“Por las lomas,
cubiertas de cafetos, el verde se derrama en suaves ondulaciones, interrumpido
aquí y allá por la sombra de los porós. Los caminos, angostos y de tierra
suelta, bajan en curvas caprichosas hacia el fondo del valle, mientras las
casitas blancas, de techo de teja, se asoman entre los árboles frutales. Al
amanecer, una neblina ligera desciende de las montañas cercanas y envuelve los
cafetales, dando al paisaje un aire de quietud y frescura que contrasta con el
calor que vendrá más tarde.”
Manuel González Zeledón (Magón)
El Valle de Orosí es una zona rural tranquila, próxima a Cartago, rodeada de montañas y con bastante vegetación, donde los pueblos y casas dispersas aparecen, como por arte de magia, tras los árboles. Su economía gira en gran parte alrededor del café y la agricultura y de un incipiente turismo termal.
Las bromelias son
plantas mayormente tropicales que crecen tanto en el suelo como sobre otras
plantas, sin ser parásitas. Muchas bromelias mueren después de florecer. Este
proceso se llama monocarpia: la planta produce su flor una sola vez en su vida.
Tras la floración, la planta madre empieza a debilitarse poco a poco, pero antes de
morir suele generar “hijuelos” o brotes en la base, que crecen y pueden
convertirse en nuevas plantas. Si hablamos de bromelias conocidas quizás
la más famosa y la de mayor importancia comercial es la piña. Otra que en
muchas zonas de España se suele cultivar con éxito es el clavel de aire, esa
planta que colgamos en una pared y que parece prosperar sin necesitar nada.
Como llegamos pronto al hotel, sobre las cuatro y media, nos fuimos a buscar el adaptador para los enchufes y, de camino, dar una vuelta por esta ciudad por la que las guías turísticas no parecen mostrar mucho interés pues carece de la belleza de otras capitales: sus monumentos son escasos, las calles poco atractivas... pero ambiente comercial y vidilla no le falta, sobre todo en torno a la zona del Mercado Central, la Avenida Central y la Plaza de la Cultura.
Lo del adaptador fue más difícil de lo que pensábamos. Primero fuimos a un enorme supermercado que tenía de todo, cerca del hotel, pero nada. Intentando ayudarnos una dependienta muy amable, nos indicó varios lugares, pero estaban bastante lejos de donde nos encontrábamos, así que decidimos irnos hacia las calles del centro. Por cierto, andar por las calles de San José es jugarte la vida: sin un paso de cebra y semáforos contados con los dedos de una mano, aceras estrechas y unas cunetas a ras de suelo de medio metro de profundidad y otro tanto de anchas, supongo para que circule el agua durante los frecuentes chaparrones. Si no te pilla un coche, mueres sepultado en una de esas cunetas que, literalmente, había que saltar cada vez que cruzabas una calle, y fueron muchas.
Las calles entorno al mercado Central son muy curiosas pues están organizadas por tipos de tiendas: las de comida por un lado, las de ropa por otro, las de productos de limpieza, las de pinturas, las de fontanería, las de electrodomésticos, las de productos eléctricos... estas son las que nos interesan. Entramos a varias y en una, dimos con los adaptadores -deme dos-. También compramos un bañador y un repelente contra insectos que se nos habían olvidado, eso sí, cado cosa en su calle.
Después nos dimos una vueltecita por la la Avenida 2 y la Avenida Central, donde numerosos puestecillos ambulantes y dependientes de distintos comercios pregonaban sus productos a voz en grito a ver quién ofrecía más y más barato. Todo muy curioso y enormemente animado.
Compramos algo de comer y decidimos que ya era hora de volver al hotel, eso sí, con un poco de miedo porque conforme nos alejábamos un poco del centro, centro, las calles estaban más solitarias y oscuras pero con las mismas cunetas esperando un tropiezo.
Por suerte, volvimos al hotel sin ningún contratiempo y con los adaptadores que nos permitirían cargar móviles y cámara durante el viaje. Prueba conseguida.
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.